LO BONITO DE SER FEOS

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Autor: Isabel Mesa Gisbert

Publicacion: Boletín "Vuelan vuelan" No. 30. Septiembre, 2011

Terminaba de ver una serie de televisión y me disponía a apagar la luz para dormir, pero Morfeo no estaba aún dispuesto a recibirme en sus brazos, así que revisé la torre de libros de literatura infantil y juvenil que hay sobre mi mesa de noche y escogí uno de los libros al azar. Al tomarlo, recordé que mi amigo Carlos Azurduy, gerente en La Paz de La Hoguera, me había dicho en la Feria del libro de agosto que éste había sido uno de los libros más vendidos en Santa Cruz. Cuando el gerente de una editorial te recomienda un libro, a veces no sabes qué pensar, si realmente es bueno o es que necesita venderlo.
Eran las 11:00 de la noche cuando comencé a leer Lo bonito de ser feos de Roger Otero Lorent, y cuando terminé la última página dieron las 12:30. En hora y media el libro me había atrapado por completo.
En años que tengo de leer literatura juvenil, sé que son pocos los autores bolivianos capaces de atrapar a un público con demandas exigentes que no son fáciles de complacer.
Lucas, un estudiante de colegio, recibe en su casa a Clovis, un muchacho feo que le pide que le haga una carta de amor para una compañera de curso que le gusta mucho. “Tú eres el poeta”, le dice Clovis. Efectivamente Lucas asiente y le dice que hasta hacía unos meses él hacia cartas de amor por encargo. Y para explicarle a Clovis porque ya no escribirá más cartas de amor, Lucas decide contarle la siguiente historia.
Como Lucas es un amante de la poesía empieza a escribir cartas de amor anónimas a las chicas feas y las deja en el jardín de sus casas simplemente para hacerlas sentir felices. Lucas se da cuenta de la humillación que sufren las feas en el ámbito amoroso; sobre todo cuando el elegido es el muchacho lindo o el más popular del colegio. Para hacer las cartas, Lucas va todos los días a la biblioteca buscando libros de poesía que lo inspiren. Y a la par de un psicólogo amoroso estudia a las chicas que él cree que necesitan un incentivo para cambiar su vida:
“Reconocido mi talento… desarrollé el ojo clínico en base a una exhaustiva observación de las chicas del colegio. Empecé a acercarme más a las mujeres de mi curso, a escuchar sus exigencias, intenté descubrir cómo se apaciguaban sus apremios y se eludían sus mandatos, intenté comprender sus razonamientos, desenmarañar su mundo interno en busca de nuevas pistas que me descifraran el lenguaje común de sus corazones… ocupé más tiempo en la lectura de poemas y ensayos que trataran al respecto. Ahora mi oficio consistía en determinar qué textos eran idóneos para las posibles personalidades de mis pacientes”.
En la biblioteca conoce a Cecilia, una muchacha con la que comparte cosas en común e inicia una buena relación de amistad hasta que ella se entera de lo que realmente Lucas hace en la biblioteca. Entonces es que todo el colegio se entera de quién es el más famoso “poeta de los feos”. De ahí en adelante a Lucas le llueven los pedidos, pero al mismo tiempo Lucas enfrenta situaciones que él mismo ha creado con sus cartas y que lo hacen reflexionar sobre el mundo de los feos y los lindos, y sobre esta idea de escribir cartas de amor por encargo.
Lo interesante de Lo bonito de ser feos, es que se trata de una obra muy actual, que refleja situaciones cotidianas que los jóvenes viven a diario en sus vidas. Es una historia que involucra a todos los lectores, quienes pueden sentirse identificados con cualquiera de los personajes. De pronto unos son los feos “que no tenían posibilidad alguna con la chica que les gustaba, pues habían escogido alguien que no encajaba con su forma de ser”; o quizás son los lindos o las bellas de la clase, “el ángel que daba sentido a la vida masculina… una linda morena de ojos azules, cabello lacio azabache, hoyuelos cautivantes, silueta de Barbie y cutis impecable”; o tal vez son los más populares como aquel “muchacho atlético, respetado por su bíceps y pectorales, un chico de metro ochenta, ropa fina, diálogos pobres y compañías disonantes”; o incluso nuestro protagonista y poeta, metido en su refugio que es la biblioteca del colegio donde consulta poetas o simplemente roba frases grandilocuentes que resultan agradables, escribiendo desde lo más profundo de su alma impulsado por el dolor propio y soledad de su carácter.
Escrita en primera persona por el mismo protagonista en el afán de contarle su historia a Clovis, con un lenguaje sencillo y sin necesidad de usar la jerga juvenil, el autor nos regala una novela muy bien escrita que nos reflexiona sobre esa inversión de las prioridades que surge durante la etapa de la adolescencia, en la que la atracción física, la belleza y el cuidado personal son los pilares que le dan seguridad al individuo para una convivencia feliz con sus compañeros.
Lo bonito de ser feos es un acierto dentro de la literatura juvenil, así como fue un acierto que Carlos Azurduy me la recomendara para que yo pueda darla a conocer como una muy buena novela juvenil.

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