La literatura del “realismo social” para niños se inició a fines de los años ‘60 y comienzos de los ‘70. Eran libros que tenían una clara definición ideológica, y cuyos temas estaban articulados a los conflictos políticos internacionales, como la guerra de Vietnam, los movimientos de liberación en América Latina y la ingerencia del imperialismo en los países del llamado Tercer Mundo. Este tipo de literatura denunciaba sin disimulos la situación auténtica de las clases oprimidas, así como la insolidaridad y el enriquecimiento indebido de las clases dominantes, sin idealizarlas ni imponer las interpretaciones que no correspondieran a la realidad.
las relaciones y los conflictos sociales, en virtud de que los niños, como los adultos, tienen derecho a tener una información sobre las causas y los efectos de las relaciones de producción, partiendo de la base de que la personalidad del individuo -en el plano emocional, lingüístico, social y psicológico- está determinada por el contexto en el cual vive, ya que toda formación psicosocial es un proceso de interrelación entre el individuo y su medio. De ahí que en la sociedad capitalista, cuyo régimen político, social y económico descansa en la búsqueda sistemática del beneficio gracias a la explotación de los trabajadores por los propietarios de los medios de producción y cambio, los individuos no sólo son individuos, sino también miembros integrantes de una determinada clase social. Asimismo, la literatura del “realismo social” tiene la propiedad de ayudar al niño a comprender el mundo de manera real, explicándole los conflictos sociales y económicos propios del sistema capitalista.
De otro lado, casi toda la literatura de carácter realista, aparte de ser un medio de comunicación, que contribuye al proceso de desarrollo de las actividades del lenguaje como medio de expresión y comunicación, cumple una función didáctica y pedagógica, no sólo porque transmite conocimientos, normas y hábitos, sino también porque transmite una información realista sobre la sociedad en la que viven los niños. Sólo a través de los conocimientos sobre la realidad social se les puede entregar a los niños una información válida, instructiva e ilustrativa, como eso de hacerle comprender las reglas del tráfico o la importancia de la higiene personal.
aprenda a diferenciar entre el mundo real y el mundo fantástico de los cuentos de hadas, donde todos los conflictos tienen un desenlace feliz y donde todos los personajes, sujetos a una dicotomía maniquea y revestidos con atributos sobrenaturales, tienen una vida ficticia que no corresponde a la realidad. Por lo tanto, para los defensores de la literatura del “realismo social”, los cuentos de hadas, aparte de contravenir los preceptos científicos y servir como instrumentos de evasión de la realidad, no cumplen otra función que la de distraer y engañar a los niños, haciéndoles creer que la solución de los conflictos sociales depende de una varita mágica y no de los cambios socioeconómicos que se producen en las estructuras de la sociedad, donde tanto los conflictos como los individuos forman parte de una realidad compleja y contradictoria.
Autor: Víctor Montoya
Fecha: 29 Febrero, 2012