Al igual que el amor, leer deja huellas

Al igual que el amor, leer deja huellas

8 Abril, 2022

Graciela Bialet, quien participó de nuestro Seminario Virtual: Nuevos desafíos para la Literatura Infantil y Juvenil Iberoamericana, nos comparte esta maravillosa invitación a leer:

 

 Leer no es sencillo. Como el amar a alguien, cada lectura implica justificados sacrificios e inconmensurables momentos de gozo y pasión. Pero esto lo saben solo los enamorados y aquellos que tuvieron la posibilidad de arribar a escenarios de encuentros con los libros y en especial con la lectura literaria, de la mano de alguien, de un compañero más experto o como llamemos a ese otro que, cual Cupido, favorece un espacio amoroso entre los lectores y los textos.

Cada amor, cada lectura dejan huellas: dolorosas, dulces, melancólicas, lacerantes, superficiales, profundas. Huellas conscientes o aquellas que se depositan en lo más oculto de nuestros sentidos, contorneando emociones inexploradas y saberes a punto de despertar.

Leer sacude la cabeza y las emociones.

Quienes no leen, no llegan a imaginar ni a conocer todas las posibilidades de hallar esas emociones empáticas hacia tantos otros seres que conviven con nosotros en el planeta. Las historias, los cuentos, los libros, los poemas lo que hacen es posibilitarnos infinitas aventuras de vida; educan nuestra sensibilidad artística y también la social.

Quien vive sin amor (y sin lecturas), puede volverse más insensible y se le hace más difícil expresar en plenitud lo que piensa, lo que siente, valora, lo que necesita o desea. Porque no saber, es como estar maniatado. Por eso, dicen que leer libera, porque enciende pensamientos. La lectura recupera el concepto de la libre expresión como algo innato en las personas.

La literatura y el arte en general son prácticas liberadoras que activan en los humanos sus posibilidades comunicativas, les ayuda a ponerse en contacto con los propios sentimientos y también a sacar a luz temas a veces molestos, o los maravillosamente únicos, íntimos.

La lectura literaria nos incita a recrear mundos imaginarios, porque la letra se dibuja en nuestros pensamientos con formas y colores propios. Nos acerca mundos posibles a nuestra medida, porque seguramente -digan lo que digan los súper críticos (que siempre creen saber “lo que quiso decir el autor/a”)- ni la Alicia del país de las maravillas, ni el conejo, ni la Reina de Corazones (que quería jugar a ser feliz, pero se le había olvidado cómo), no tienen la misma voz, ni los mismos gestos, ni las mismas intenciones en los innumerables lectores que hemos recorrido con ella nuestras propias aventuras. Leer nos permite reencontrarnos con lo no dicho para afuera, con lo que jamás de los jamases nadie sentirá como nosotros; nos permite ser únicos, originales y exclusivos en un mundo que obstinadamente nos quiere masificar.

Leer, al igual que el amor, es un acto de coraje… ¿Y te lo vas a perder?

Compartir en:

Comentario