
6 Mayo, 2022
Por Zoilo Salces Paz
Me empezaron a llamar “escritor” en el otoño de mi vida, desde el año 2000, cuando empecé a publicar en libro mi literatura, guardada mucho tiempo y sólo para mí.
En la presentación de mis primeros libros en la Casa de la Cultura del Beni, veía una mezcla de expectativa y escepticismo; hacían que me sienta un intruso metido en espacios ajenos, no hechos para mí.
En esas circunstancias su auditorio estaba limitado a sus socios y a las autoridades. Esto empezó a cambiar con mis invitaciones, que traían a la Casa de la Cultura un público nuevo: directores, maestros urbanos y familiares y amigos. Con ello nuestra histórica Casa Cultural empezó a abrir sus puertas al pueblo. Lo que se comprendió y se impulsó más desde la primera presidencia de la distinguida profesora jubilada, Yulita Natusch Henrich, dinámica promotora y gestora de nuestra cultura regional; política remozada cada vez por sus sucesores. Es así como la Casa de la Cultura del Beni llegó al pueblo y como éste, empezó a sentirse parte de ella.
El comportamiento de los socios de la Casa de la Cultura lo consideré frío, poco fraterno, en un comienzo. Eso se hacía más palpable en los escritores que asistían a las entregas de mis libros y que, rara vez, compraban alguno de ellos.
Como moverme en ese ambiente no era nada cómodo para mí, opté por presentarlos en otros espacios: Asambleas Generales de maestros, Sede Social de los maestros urbanos y Sede Social de la Junta Vecinal “Nuestra Señora del Carmen”. Otros escritores lo hacían en los salones de actos de la Alcaldía Municipal y de la Corte de Justicia. Con ello, al parecer, sacudimos algunas conciencias en el interior de la Casa de la Cultura, contribuyendo a que las cosas empiecen a cambiar en ella.
En esos días publicaba mi literatura infantil y juvenil, guardada años y trabajada en casi todos los géneros literarios: cuento, poesía, novela, fábula y teatro, al mismo tiempo que investigaba la historia de Moxos-Beni con gran pasión y empeño.
Las entregas de libros las realzaban con extensos discursos retóricos, deslumbrantes. En las entregas de los míos, aunque en un comienzo con la oposición de su Presidente, alternaba los discursos con números artísticos: declamación, música y teatro breve, buscando hacerlas más amenas y livianas. Hacía participar en mis programas niños y adolescentes amigos de mi literatura infanto-juvenil, para a su vez, con ello, promover y alentar talentos artísticos infantiles y juveniles.
En una de mis primeras presentaciones escuché decir, aludiendo a mi literatura: “Cualquiera puede escribir literatura infantil, es simplona y sosa”. En otra ocasión: “Escribir literatura costumbrista es como hacer una ensalada de mal gusto con palabras vulgares”. Quien lo dijo, un reconocido escritor local, no tenía idea de lo que es y de la importancia de la literatura infantil y parecía confundir literatura regional con literatura costumbrista.
Nunca me di por aludido. Esas opiniones superficiales y subestimadoras me llevaban a pensar en ignorancia y prejuicios, en reconocidos escritores nacionales, como: Gaby Vallejo Canedo, César Verduguez Gómez, Isabel Mesa Gisbert, Biyú Suárez Céspedez, Mariana Ruíz Romero… que trabajan literatura infantil y juvenil y opinan muy distinto, y en grandes de la literatura universal: Isaac Bashevis Singer (Premio Nobel de Literatura 1978), que decía: “Escribir para niños es mucho más difícil que escribir para adultos” y Julio Cortázar (famoso escritor argentino autor de “Rayuela”), que al respecto, cuando le preguntaron, dijo: “Con mucho gusto lo haría, pero es mucho más difícil para mí, porque a los niños no se los puede engañar”.

Con respecto a la literatura regional y costumbrista, sonriendo, a mí mismo me decía: Si este señor que discursea con tanta retórica y convicción haya leído “El Señor Presidente”, la gran novela del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (Premio Nobel de Literatura 1967), donde abundan los guatemaltismos y centroamericanismos que la enriquecen y embellecen, no estaría diciendo tantas tonteras.
Es obvio que con esas opiniones y con esa punzante carga irónica buscaban afectarme; pero consiguieron todo lo contrario: me hicieron ver que la literatura que estaba produciendo y publicando era en verdad importante y necesaria y me empujaron a seguir adelante, con más empeño y decisión que antes.
Es que, para alguien, como es mi caso, que no pensaba en fama, ni en dinero, ni en figuración cuando sacó su literatura infantil y juvenil, guardada durante décadas, para que llegue en libro a nuestras escuelas locales, donde no teníamos una bibliografía regional, esas opiniones irrelevantes pasaban de largo, eran simplemente inocuas.
Entre los escritores, como hemos podido ver y como ocurre en todos los sectores sociales, hay los de mentes amplias y corazones nobles y los otros, los de corazones celosos y almas pequeñas y lapidarias, que muchas veces sin siquiera leernos opinan y condenan. Son experiencias que nos van blindando, poco a poco, y que nos ayudan a descubrirnos y a encontrar las fórmulas para enfrentar los problemas de la vida.
Ahora, miremos un poco el tema de la literatura infantil y juvenil, aunque sólo sea por encimita. Cuando somos niños, buscando evadirnos de realidades que perturban y lastiman, creamos mundos de fantasías en los que nos movemos en realidades imaginarias, para liberarnos de las crudas y dolorosas que hay en nuestro entorno real.

Las cosas cambian cuando empezamos a trepar por los primeros peldaños de la adolescencia, nuestros juegos y nuestros intereses empiezan a ser otros, distintos, y los mundos de fantasías que creamos se mueven con elementos diferentes.
Todo esto, sumado a lo ético-estético y a lo que reclama la propia identidad, el desarrollo del pensamiento, el manejo y enriquecimiento del lenguaje comunicacional, los intereses y sentimientos del niño en sus diferentes etapas… más lo gráfico y concordante con el texto, son tomados muy en cuenta por quienes escriben literatura infantil y juvenil y aún escuchan, desde la profundidad de su alma, al niño inocente y cándido que ayer fueron.
Comprendiendo y conjugando todo esto, y más, podemos llegar al niño y al adolescente con la literatura que necesitan para distraerse y compensarse, para crecer mental y anímicamente, para entender la vida y entenderse, y caminar por ella con seguridad y confianza… Si la literatura infantil les llega, y ellos se la apropian, desarrollamos en ellos, espontáneamente, interés por la lectura y acercamiento al libro, elementos básicos que nos alimentan, enriquecen y proyectan.
Este breve “ensayo”, enfocado y configurado desde mi experiencia como autor, lo escribo y publico movido por la idea de mostrar y explicar la literatura infantil y juvenil, buscando orientar y alentar a quienes escriben y a los aficionados involucrados con ella.
En el Día Mundial del Libro Infantil, 2 de abril, y rindiendo homenaje al niño boliviano en su día, 12 de abril.
Santísima Trinidad, abril 2022
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