
13 Junio, 2022
21 años de la Biblioteca La Alegría
Por Irene Vasco
¿Una biblioteca sin presupuesto? Sí, así es. En La Alegría no hay circulación de dinero. No hay salarios ni gastos: sólo sentido comunitario y confianza en los demás.
Esta es la historia de una biblioteca que llega a su mayoría de edad, 21 años, donde no solo se prestan libros. También las llaves circulan de mano en mano.
Situada en el municipio de Tolú, en el Caribe colombiano, en una zona rural donde solía abundar la caza y la pesca, y donde hasta el día de hoy, aún no se cuenta con una posta sanitaria.
La escuela rural no se preocupaba, aún no se ocupa, por crear un lugar para leer, aprender, investigar, hacer las tareas, reunir a la comunidad. Los jóvenes no accedían al bachillerato por carecer de la herramienta básica: En la escuela no aprendían a leer ni a escribir.
En el año 2000, Carmen Antonia, líder comunitaria del sector, acogió en su casa, en la habitación de sus hijas, los libros que le fueron llegando desde muchos lugares gracias a los colonos que iban poblando las playas de La Alegría.

La primera hora del cuento se realizó en marzo del 2020 en una terraza frente al mar.
Desde ese primer día, los niños llevaron libros prestados a sus casas.
La colección de libros se componía inicialmente de álbumes y cuentos ilustrados por los mejores autores del mundo, ideales para formar lectores.
Años atrás Carmen Antonia le había enseñado a leer a su esposo. Con ese mismo espíritu, pronto se dedicó a llamar a los niños a su casa. Les leía en voz alta y les prestaba los libros, que circulaban de mano en mano por todo el sector.
A pesar de las difíciles condiciones de los caminos, los libros iban y volvían, sin perderse.
Todos se consideraban responsables de su cuidado. Pronto todos leían en casa de Carmen Antonia y llevaban libros a sus hogares.
La vida de La Alegría comenzó a cambiar.
La más evidente e importante transformación tuvo que ver con la educación de niños y jóvenes. Con la animación y el préstamo de los libros, la gran mayoría por fin aprendió a leer en la edad que le correspondía.
A pesar de la distancia, los niños ingresaron al bachillerato, ubicado en el pueblo, a más de cinco kilómetros del sector, obteniendo mejores resultados académicos que los niños urbanos.

Años después, en el 2008, gracias a las donaciones de los colonos del interior del país interesados en ayudar a sus vecinos nativos, la biblioteca salió de la casa de Carmen Antonia y comenzó a crecer.
Los colonos consiguieron recursos económicos. Los nativos habitantes del sector, pusieron la mano de obra. Así, entre todos, pronto hubo un bello edificio para albergar los libros y un buen sitio de reunión para la comunidad.
El objetivo de formar ciudadanos maduros, libres, críticos, autónomos, con herramientas para mejorar la calidad de vida, encontró sede propia.
Niños y jóvenes comenzaron a habitar su nuevo hogar comunitario. Tanto los libros como los computadores despertaron deseos lectores entre todos.
Con la mano cooperativa de los habitantes del sector, al cabo de un tiempo la biblioteca se convirtió en el sitio de reunión, no sólo para leer, hacer tareas y jugar, sino para compartir mil y una expresiones artísticas y culturales.
Las madres de los más pequeños se reunieron y descubrieron que la biblioteca les ayudaba a crecer como lectores, tanto a sus hijos como a ellas mismas.
Los jóvenes se entusiasmaron con la literatura y el arte. El espíritu comunitario se volvió protagonista de esta historia. Cuando Carmen Antonia no puede abrir la biblioteca, las llaves quedan a disposición de los jóvenes, que llegan, leen, investigan e invitan a los más pequeños a acercarse a los libros.
Y los sábados se turnan para limpiar y ordenar.
Como la biblioteca La Alegría tiene conexión a la red gracias a los colonos, quienes se turnan para pagar la mensualidad del servicio, los equipos funcionan de noche y de día, dentro y fuera de la sede, sin ningún costo para los usuarios.
Los jóvenes han convertido la terraza de la biblioteca en su lugar de encuentro, no importa la hora ni el día.
Hoy, gracias a la biblioteca, los niños crecen con mejores oportunidades. Cada uno se adueña de la capacidad de leer y escribir para escoger libremente su camino: ser pescador, estudiar en la universidad, migrar, permanecer en el sector…
Los niños que crecieron leyendo, se han convertido en líderes preocupados por su comunidad. Estudian en programas universitarios y tecnológicos.
Sabemos que esos grandes lectores de La Alegría tal vez pronto se irán. Pero quedarán sus hermanos menores y sus hijos, en muchos casos.
Por eso, queremos que los que vienen detrás se beneficien de la lectura, así como ellos se beneficiaron.
Todos estamos invitados a ser parte de esta experiencia profundamente humana, colectiva, cooperativa.
La biblioteca es de todos.
Quien la necesite, la usa.
Se parte de la confianza, se fortalece la participación social y el respeto por el otro.
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