La importancia de las fábulas, un diálogo entre Esopo y los pueblos de la selva

La importancia de las fábulas, un diálogo entre Esopo y los pueblos de la selva

5 Enero, 2026

 

La importancia de las fábulas, un diálogo entre Esopo y los pueblos de la selva

(Esta ponencia se presentó en el marco de las Jornadas de Estudios Clásicos "Entre sombras y dioses" organizadas por la Sociedad Boliviana de Estudios Clásicos en el palacio Portales de Cochabamba en septiembre de 2025).

Por Mariana Ruiz Romero

El rol de las fábulas como ordenadores morales de la sociedad es casi tan antiguo como nuestro registro de ellas. Es en la cultura griega donde encontraremos la primera fábula registrada al completo, y su llegada a América Latina se realizó a través de un periplo similar al de otros materiales educativos dedicados a los niños: del griego al latín, del latín a las lenguas romances, hasta llegar al español de Castilla y sus maestros, muchos de ellos religiosos.

La influencia de la religión judeo-cristiana, con sus parábolas, dotó a las fábulas de cierta candencia fácil de memorizar, y su difusión se hizo a través de monjes y curas en diálogo con los pueblos indígenas, con diversos resultados.

Jurgen Riester y Erland Nordeskiöld fueron dos antropólogos que residieron con guaraníes, tsimanes, guarag’suwes y otras etnias de las tierras bajas de Bolivia. Ellos compartieron y pasaron años de sus vidas en el oriente boliviano hace casi setenta años, cuando nuestra composición étnica era muy diferente y estos pueblos no estaban al borde de la extinción. Son quienes registraron las fábulas provenientes de la tradición oral de varios de estos pueblos indígenas.

El presente trabajo resume brevemente el recorrido de una fábula específica a través de distintas versiones. “La cigarra y la hormiga”, se estudia en contraposición a “El cucú Yehire y la abeja Tube”, fábula rescatada de la tradición oral guarag’suwe por Riester, reformulada aquí por Manuel Vargas.

Las distintas versiones de esta fábula nos otorgan una pequeña ventana a un diálogo que pocas veces es registrado, donde las adaptaciones a cuentos europeos con moralejas basadas en la mentalidad occidental chocan con los valores y prioridades de los habitantes de nuestra casa grande.

Orígenes de la fábula

La fábula es una composición literaria narrativa breve, en la que los personajes principales suelen ser animales o cosas inanimadas que hablan y actúan como seres humanos. Cada fábula cuenta una sola anécdota que alberga una consecuencia aleccionadora. Posee “una intención y redacción didáctica de carácter ético y “universal” ​ que casi siempre aparece al final, llamada moraleja”.

A quien asociamos con las fábulas, debido a un libro de amplia circulación en Bolivia desde los años 80, gracias a la edición Coquito, es a Esopo, aunque la primera fábula conocida de la cultura griega está atribuida a Hesíodo:

Fábula del halcón y el ruiseñor

Un halcón llevaba a un ruiseñor atrapado entre sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado entre las uñas y el halcón, con tono de superioridad, le dijo: “¡Infeliz!, ¿por qué gritas? Ahora te tiene en su poder uno mucho más poderoso. Irás adonde yo te lleve por muy cantor que seas y me servirás de comida si quiero, o te dejaré libre. ¡El que quiere ponerse a la altura de los más fuertes está loco! Será derrotado, torturado y maltratado.[1]

En la paideia griega, las fábulas cumplían un rol pedagógico crucial, funcionando como herramientas lógicas y morales para enseñar areté (excelencia/virtud) y guiar la formación integral del ciudadano. Se utilizaban para ilustrar conceptos abstractos y valores cívicos a través de narraciones con moralejas, preparando a los jóvenes para la vida pública con sabiduría práctica, especialmente en la tradición de Esopo.

Esopo fue un esclavo pedagogo, nacido en Janto en una fecha próxima a 620 A.C. Tras ser   liberado, Esopo estuvo al servicio del rey Creso de Lidia. La moral helena que se impartía a través de las fábulas proviene del universo y racionalidad mitológicas, donde los dioses determinan el destino y se enfatiza la imposibilidad de cambiar la condición natural de las cosas, incluida la condición humana y el carácter de las personas.

Las fábulas pertenecen a un acervo cultural y a un logos, una forma de ver el mundo, que denominamos occidental. Herrero y Gago plantean que esta concentración del logos ―en oposición al concepto junguiano de ánima―, tiende a separar la racionalidad humana de su entorno natural: “El sujeto político en Atenas es un ser disociado del cuerpo, una mente que no es responsable del cuidado, no interactúa con la naturaleza ni es consciente de sus límites ni las necesidades de las crianzas mutuas” (Herrero y Gago, 2023). Volveremos sobre ese punto más adelante. Con el tiempo, el cristianismo sustituyó la concepción del mundo mitológica por otra que presuponía en el hombre la posibilidad de cambiar su naturaleza, con un juicio moral incluido.

Esta forma de ver el mundo llega a América con los evangelizadores católicos y cristianos, quienes desean “desencantar la tierra”, extirpar idolatrías y posicionar una moral judeocristiana que ya se contraponía con el paganismo heleno. El racionalismo impulsa, además, la visión de que la naturaleza está aquí para ser dominada, expoliada y sometida.

Las fábulas de Esopo fueron adaptadas por autores como Fedro y Babrio, en época romana; Jean de La Fontaine, en el siglo XVII; y Félix María Samaniego, en el XVIII.

Fábulas de Samaniego

Félix María de Samaniego fue un fabulista español ilustrado, nacido en 1745, que escribió fábulas en verso, usando animales y objetos personificados para dar lecciones morales claras. Sus adaptaciones españolas son las que, por su lenguaje y musicalidad, se repitieron de manera oral y se esparcieron por Iberoamérica.

La rana y la gallina

Desde su charco, una parlera rana

oyó cacarear a una gallina.

«¡Vaya! —le dijo—; no creyera, hermana,

que fueras tan incómoda vecina.

Y con toda esa bulla, ¿qué hay de nuevo?»

«Nada, sino anunciar que pongo un huevo».

«¿Un huevo sólo? ¡Y alborotas tanto!»

«Un huevo sólo, sí, señora mía.

¿Te espantas de eso, cuando no me espanto

de oírte cómo graznas noche y día?

Yo, porque sirvo de algo, lo publico;

tú, que de nada sirves, calla el pico».

Vayamos a la fábula que nos interesa, esta es la versión de Samaniego:

Fábula de la cigarra y la hormiga

Cantando la Cigarra

pasó el verano entero,

sin hacer provisiones

allá para el invierno;

los fríos la obligaron

a guardar el silencio

y a acogerse al abrigo

de su estrecho aposento.

Viose desproveída

del precioso sustento:

sin mosca, sin gusano,

sin trigo, sin centeno.

 

Habitaba la Hormiga

allí tabique en medio,

y con mil expresiones

de atención y respeto

la dijo: «Doña Hormiga,

pues que en vuestro granero

sobran las provisiones

para vuestro alimento,

prestad alguna cosa

con que viva este invierno

esta triste cigarra,

que alegre en otro tiempo,

nunca conoció el daño,

nunca supo temerlo.

No dudéis en prestarme;

que fielmente prometo

pagaros con ganancias,

por el nombre que tengo.»

La codiciosa hormiga

respondió con denuedo,

ocultando a la espalda

las llaves del granero:

«¡Yo prestar lo que gano

con un trabajo inmenso!

Dime, pues, holgazana,

¿qué has hecho en el buen tiempo?»

«Yo, dijo la Cigarra,

a todo pasajero

cantaba alegremente,

sin cesar ni un momento.»

«¡Hola! ¿conque cantabas

cuando yo andaba al remo?

Pues ahora, que yo como,

baila, pese a tu cuerpo[2]

 

La moral occidental

Los atributos que cubren las fábulas tienen que ver con personajes en posiciones disímiles que terminan trastocándose. Critican la vanidad, el orgullo, la insensatez y también celebran valores cristianos como la responsabilidad, la humildad y el trabajo.

Celebran, desde la perspectiva simbólica, cuando el soberbio cae en el ridículo, cuando el astuto es engañado y cuando el personaje criticado “recibe su merecido”.

En la Cigarra y la Hormiga, quien no trabaja y es previsor merece morir, y no existe un relato para las otras partes esenciales dela vida, como la alegría de vivir o la necesidad de actividades no “útiles” como la música y el arte.

La versión conocida en Bolivia hace eco de este sentimiento. Everardo Zapata Santillana, maestro peruano nacido en Arequipa en 1926, creó la colección "Coquito: Fábulas de Esopo" como una extensión de su método de lectura, para combatir el analfabetismo en la década de 1950. Es quien adaptó relatos clásicos para enseñar valores y mejorar la comprensión lectora en niños de Hispanoamérica, usando animales parlantes para enseñar lecciones de vida.

La Cigarra y la Hormiga

Una hormiga, llegado el verano, juntaba afanosamente granos de trigo y cebada, guardándolos en su granero para alimentarse en el invierno.

La cigarra, que pasaba el día cantando, se sorprendió de verla tan trabajadora en época en que los animales, dejadas sus faenas, se abandonaban a la buena diversión.

Calló la hormiga, pero cuando llegó el invierno y con él la escasez de provisiones, la cigarra, hambrienta, fue a solicitarle unos cuantos granos para alimentarse.

Entonces la hormiga le manifestó:

—Ya ves, holgazana, si hubieras trabajado en el tiempo oportuno, hoy no carecerías de alimento. Canta pues ahora, mientras yo como.

Si el ocio te causa tedio,

el trabajo es buen remedio[3].

 

 

 

A continuación, analizaremos la versión guarasug’we recopilada por Jürgen Riester. Fue narrada por Tesere, habitante de esta etnia casi desaparecida, que residió en los húmedos bosques de la provincia de Velasco, Santa Cruz. Se publicó en la Antología literaria de castellano como segunda lengua (Vargas, 1998). Tras escucharla, nos preguntamos si las versiones previas responden a una sola forma de ver el mundo y si la versión indígena responde a una adaptación o a un desafío a la lógica occidental.

¿Qué pasa cuando las fábulas no son recibidas pasivamente por las personas de la selva? ¿Cómo las recuerdan y transforman?

El cucú Yehire y la abeja Tube

El cucú Yehire vivía en un lugar de la selva. Frotando sus alas, producía un sonido muy particular y era como si cantara; su vida era volar y producir esa música que formaba parte de la gran sinfonía de la selva.

Un día la abeja Tube le dijo a Yehire, el cucú:

—¿Por qué no trabajás y dejás de divertirte? Dentro de poco llegará el surazo, ¿y qué comerás entonces?

—No lo sé —le respondió tranquilamente el cucú—. A mí me gusta volar y cantar.

—Vamos, Yehire, trabajemos juntos para tener algo que comer cuando lleguen los vientos del sur.

—¡No!, ¡ahora voy a volar y a conocer el mundo! ¡Es tan bonito estar cerca de  una aguada en el bosque, cerca de una flor! Yo sólo quiero vivir y cantar.

—Ya verás...

La abeja Tube continuó su vuelo para seguir trabajando y  el cucú Yehire se posó sobre un tronco. Todo el tiempo frotaba sus alas. Entonces, tal como había dicho Tube, llegó el viento frío del sur y Yehire no tenía nada que comer. Fue a buscar a Tube, llegó a su casa y le dijo:

—Dame algo de comer. Tengo mucha hambre.

—¿Ya ves ahora? ¡Yo te lo dije! ¿Por qué no has trabajado? ¡No te doy nada! Ahora puedes morirte, sería mejor si no existieras.

Tube cerró la puerta de su casa, dejando afuera al Yehire que gritaba de hambre. Las pequeñas alas ya no se movían como antes y su música se fue volviendo más débil y triste. Sí, ahora moriría de hambre. Dando tumbos se alejó de la casa de la abeja; volaba cada vez más bajo, las copas de los árboles se suspendieron en el cielo y, en las últimas, logró asentarse sobre los musgos que crecían en una piedra. De la oscuridad surgió una gran hormiga.

—¿Quién eres? —le preguntó Yehire.

Soy Tucani —respondió la hormiga—; tú no me conoces, en cambio yo sí, eres Yehire. ¿Pero qué tienes, tío?, ¿por qué pareces tan débil y asustado?

—No tengo nada para comer y ahora sobre estos musgos moriré.

—No —le dijo Tucani—; no morirás. Ven conmigo. Tengo bastante yuca en mi chacra. Vamos, agárrate de mi cintura.

Tucani, la hormiga grande, es muy trabajadora y dice que tiene abundantes plantaciones de yuca en el monte. Yehire se fue con Tucani y se quedó a vivir allí.

Por eso, cuando sopla el viento del sur, nunca se oye el canto del cucú; se va a vivir a la casa de Tucani. Si Tucani no hubiera ayudado a Yehire, en la actualidad ya no habría cucús en el mundo y nadie sabría cómo es esa hermosa tonada que se añade a la gran sinfonía de la selva[4].

 

Un diálogo necesario

Las primeras versiones que conocemos de la Cigarra y la Hormiga en español nos transmiten la importancia del trabajo y la previsión por encima de la holgazanería y el regocijo. Esta concepción utilitaria puede equipararse a una forma de estar en el mundo donde lo “racional” es trabajar y lo “irracional” es divertirse.

El tránsito de explicaciones míticas a explicaciones racionales y lógicas para entender el mundo (la separación de la lógica del mito por la del logos) puede habernos llevado a una disociación conocida como logocentrismo: la primacía de la razón occidental, que a veces reduce el mundo a un objeto de estudio y dominio, separando mente y materia, cultura y naturaleza.

Jung consideraba que la psique (mente) y el ánimus (alma) funcionaban como arquetipos que dialogan con el logos, conformando una trilogía que conecta la psique individual con lo colectivo y lo cósmico. En este sentido, “El cucú Yehire y la abeja Tube” representan una visión restaurada de la naturaleza, donde el canto de la selva tiene tanta importancia como el trabajo, mirando al mundo como una totalidad interconectada, donde la mente no está desvinculada de la naturaleza.

Silvia Federeci, en Calibán y la Bruja (2010), habla con acierto de cómo el despojo de las tierras comunitarias fue también un despojo para la gente europea, de sus creencias, su equilibrio ecológico y su conexión con la tierra.

La crisis ecológica demanda una integración. La sabiduría de culturas no occidentales y la psicología profunda (integrando Anima/Animus) sugieren que el logos debe incluir la dimensión de la psique y la conexión con la Tierra, reconociendo, por tanto, que la destrucción ecológica es también una patología de la psique moderna.

Herrero y Gago, en Ecofeminismos: la sostenibilidad de la vida (2023) plantean que son las mujeres, los bienes y ciclos naturales, otros territorios, otros pueblos y otras especies quienes mantienen y soportan las consecuencias ecológicas, sociales y cotidianas de la mirada logocéntrica, colonizadora y severa, que separa al mundo entre vencedores y vencidos, entre previsores y gente que se puede desechar por ser loca, borracha, inútil o disfuncional, que opone el rol de la cigarra con el de la hormiga. Atisbando a una fábula de la tradición oral indígena, podemos atisbar una contrapropuesta, restaurativa, que nos indica que no por repetirse la versión occidental debe ser la única y verdadera.

La cigarra puede, en la versión indígena de tierras bajas, ser rescatada por la hormiga, quien aprecia en el invierno el sonido de la música como algo espiritual que la conecta con los ciclos de la naturaleza. Como el ratón poeta de Leo Lionni, su rol es indescriptible e incuantificable, pero no por ello menos importante.

“El Cucú Yehire y la Abeja Tube” es un atisbo de cómo los guarasug’we adaptaron una fábula occidental y fueron capaces de convertirla en una historia más acorde a su perspectiva integradora y su forma de estar en el mundo.

Esta fábula, que no responde ni a la moral ni a la lógica occidental, tiene, como toda buena fábula, mucho que enseñarnos.

 

 

Bibliografía

Fábula. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%A1bula.

Herrero Y, Gago V. Ecofeminismos: la sostenibilidad de la vida. Colección Señales; vol 4. Barcelona, España: Icaria Editorial; 2023. 144 p.

Logocentrismo. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Logocentrismo

Moraleja. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Moraleja..

Federici S. Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid, España: Traficantes de Sueños; 2010.

 

 

[1] Artax1 (2020). Trabajos y días: fragmento, adaptación de la fábula del halcón y el ruiseñor de Hesíodo. Publicado el 27 de marzo de 2020. https://artax1.wordpress.com/2020/03/27/trabajos-y-dias-fragmento-adaptacion-fabula-del-halcon-y-el-ruisenor-de-hesiodo/

 

[2] Biblioteca Nacional de España. Moralejas de un ilustrado: Félix María de Samaniego.

https://www.bne.es/es/blog/blog-bne/moralejas-de-un-ilustrado-felix-ma-de-samaniego.

 

[3] Zapata Santillana E, adapt. Fábulas de Esopo. Lima, Perú: Ediciones Coquito; 1981.

[4] Vargas M. Antología literaria de castellano como segunda lengua. La Paz, Bolivia: Reforma Educativa; 1998.

Compartir en:

Comentario