
3 Noviembre, 2025
Por Roswitha Grisi-Huber

Desde hace 62 años lo más destacado en la literatura infantil y juvenil e ilustración se da cita en la ciudad de Bolonia, Italia. Este año se llevó a cabo “The Bologna Children’s Book Fair” del 31 de marzo al 3 de abril.
La antigua ciudad no sólo es sede de numerosos edificios, amplias plazas, hermosos balcones y trattorias que invitan a descansar por un momento, sino que es también sede de ese gran evento de la literatura. En el campo ferial que consta de varios bloques, se encuentran 1500 expositores de más de 90 países. Nos la podemos imaginar porque es parecida a nuestra feria del libro de La Paz o de Santa Cruz. Simplemente, esta feria es mucho más grande. Como en La Paz, también hay siempre un país invitado, en esta edición fue Estonia.
Para este año 2025, la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil, la ABLIJ, consiguió – por primera vez – que 15 ilustradores envíen sus obras para participar en el concurso internacional, donde se premia a los mejores ilustradores, premio creado hace 15 años por la Fundación SM. El año pasado, por ejemplo, la ganadora fue la peruana Issa Watanabe con su obra “Kintsugi”. Este año la ganadora fue María Haiduk, de Ucrania, la más joven en recibir el premio hasta ahora a los 19 años.
Tuve la suerte y el honor de ser una de las ilustradoras escogidas para mandar sus obras, lo cual me dio la oportunidad de entrar en la feria con un notable descuento.
Al jurado le esperaba un arduo trabajo porque 4373 ilustradores de 89 países enviaron 21870 ilustraciones a Bologna. Aunque ningún/a ilustrador/a boliviano/a haya logrado tener un premio o una mención, es muy importante participar y tener una voz que se escuche en el evento.
Durante 4 días hubo un sinfín de conferencias, talleres, lecturas, dramatizaciones, conversatorios y exposiciones a los cuales uno/a podía asistir gratuitamente. También hubo la posibilidad de hacer citas con diferentes editoriales, citas que fueron preestablecidas antes del comienzo de la feria. De esa manera, se veían muchos ilustradores “deambular” con sus portafolios de una editorial a otra para ver si conseguían un contrato o podían recibir un consejo de las tantas eminencias en el ámbito de la literatura e ilustración que se reunían ahí.
También se podía dejar la tarjeta personal en cajas que se disponían de parte de las editoriales en su stand.
Ahora, lo más importante: ¡LOS LIBROS!
No existe maleta que pueda albergar ni billetera que pueda pagar a todas las obras magníficas que, con exquisito cuidado y una prolija edición, se exponían en los stands, obras que alegran a los visitantes, a los niños, a profesionales y amantes de los libros.
Hubo que contentarse con el maravilloso privilegio de estar ahí, de impregnarse de tanta belleza y de motivarse e inspirarse para seguir participando y – ¿quién sabe? – alguna vez alzarse con un premio, una mención o por lo menos para mostrar la presencia y decir:
¡Aquí BOLIVIA presente!

La autora, con la editora Arianna Squilloni.
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