
10 Noviembre, 2025
Por Carolina Loureiro
Chocolate para el oso Martín es un cuento sencillo que continúa el hilo abierto con el libro M de Martín. Este oso de peluche, que comenzó la escuela junto a Nicolás, ya ha aprendido muchas cosas: reconoce letras y palabras, sabe contar hasta diez y es todo un arquitecto armando casas y castillos con cubos.
Pero, sobre todo, Martín es el compañero de Nicolás. Ese niño que nos lleva al campo más importante de la infancia ,que es el espacio de los juegos. El espacio interior donde es posible jugar con las letras y con las palabras; pero también, el espacio exterior: ese jardín (o bosque) donde se pueden vivir aventuras con los juguetes, trepar árboles, correr riesgos y, sobre todo, tener la libertad de elegir al chocolate como el mejor y más rico alimento.
El juego es, sin duda, la experiencia más importante para los niños y las niñas. El juego simbólico es ese espacio donde los pequeños reproducen la realidad que les circunda, pero también donde tiene lugar la fantasía que abre las puertas a nuevos mundos por construir.
Y como parte del juego, está la posibilidad de inventar historias. Los niños y las niñas que han tenido el privilegio de escuchar cuentos, que se han sentido acompañados con esas historias (que suelen leerse en momentos de calma familiar), siempre guardan palabras e imágenes con las que, después, son capaces de tejer relatos propios.
Y en ese sentido, en Chocolate para el oso Martín, es interesante ver cómo los personajes dialogan con otros cuentos. Así, al pasar, aparece Winnie the Pooh, un oso que a Martín no le resulta muy simpático. Pero, especialmente, emerge Ricitos de Oro en una versión transformada, en la que Nicolás recrea el relato como parte del juego.
Así, el niño entreteje la trama de un cuento conocido, con los personajes, situaciones y espacios que imagina para sus juguetes o peluches: Martín, el Gordito y el Mono Liso. Pero también incorpora en la historia a Azul, su amiga del colegio, quien, por sus características, puede tomar el lugar de la niña con cabello enrulado.
En esta historia, entonces, se muestra de manera clara la relación fructífera que hay entre juego y lectura.
Por ello, es importante preservar y multiplicar los espacios en los que los pequeños encuentran libros y juguetes. Porque esas son las herramientas más valiosas de la infancia, porque esos son los medios que los niños y las niñas tienen para edificar su mundo.

Chocolate para el oso Martín, de Verónica Linares. Ilustraciones de Roswitha Grisi-Huber. Abrapalabra. La Hoguera, Santa Cruz de la Sierra, 2025.
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