
8 Septiembre, 2025
Por Isabel Mesa Gisbert
Mariana Ruiz nos sorprende con una nueva novela que tiene como personaje a Rompefocos, el mismo de Aventuras de un escarabajo en Japón, quien regresa a Yungas, su lugar de origen, junto a su pareja Abril. Esta segunda parte, Diarios de un Kabutomushi en Bolivia, tiene que ver con la migración de los japoneses, quienes en 2024 celebraron 125 años de su llegada a nuestro país. Muchos llegaron a principios del siglo XIX para trabajar en la recolección de caucho y en la minería para luego desplazarse hacia la Amazonía.
Lo primero que uno se pregunta como lector de esta obra es el significado de la palabra “Kabutomushi”. Esta se refiere a insectos con cabeza de casco o al escarabajo rinoceronte que es una especie endémica de Bolivia que está en peligro de extinción, ya que estos son capturados por coleccionistas o para ser parte de peleas clandestinas entre escarabajos. El nombre común que tienen estos insectos es Rompefocos, nombre que utiliza Ruiz para el protagonista de ambas novelas.
La trama de su segunda novela hace referencia a la llegada de los japoneses a la zona de Riberalta, evento que se transmite al lector a través de la aventura de los escarabajos en su viaje desde Japón hasta la amazonía boliviana.
Rompefocos caminaba muy distraído por el campo cuando una avispa lo atrapa y se lo lleva para alimentar a sus crías, pero Rompe logra huir. Sin querer, cae en un sitio mágico que lo traslada a principios del siglo XX sin que él se dé cuenta. Este lugar mágico “era una pared invisible y delgada que se abría de cuando en cuando en la selva y que conectaba con lugares remotos y tiempos distintos”.
Rompe había llegado a Riberalta donde Kitaro, un escarabajo con casco, entrenaba a varios escarabajos rinoceronte. Rompe no comprendía dónde estaba hasta que por fin se entera de que ese era el campamento Okinawa donde lo escarabajos convivían con las hormigas Cepe para cuidarse mutuamente de las malvadas avispas. Rompe había llegado, sin querer, a los inicios de la comunidad de escarabajos japoneses en la amazonía. En todo este relato, Rompefocos va conociendo y comprendiendo esa hermosa convivencia de la comunidad japonesa para sobrevivir durante tantos años tan lejos de su país de origen.
La obra está escrita en tercera persona y con un lenguaje sencillo; sin embargo, los capítulos de la aventura del protagonista se intercalan con el diario de Kitaro, el maestro de la comunidad, quien relata en primera persona cómo había llegado a Riberalta prendido al kimono de Omi. Kitaro no solo cuenta su viaje, si no también esa sensación de miedo al estar en un sitio desconocido lleno de criaturas extrañas:
Al principio, nuestra comunidad era pequeña. Apenas nosotros, tratando de sobrevivir en un lugar desconocido, donde todos los ruidos nos aterraban. Monos manechis, cigarras, el ruido de los tapires cuando pasaban por debajo de los árboles, los rugidos del jaguar, todo era extraño” (Pág. 45).
La lectura de este diario da perfecta cuenta de que la migración no es una decisión fácil y que hay que pasar por muchos obstáculos. Adaptarse a un nuevo lugar toma tiempo y son necesarias las alianzas y una buena predisposición para sobrevivir lejos del lugar de origen.
Las ilustraciones de Salvador Pomar acompañan muy bien la lectura de esta obra porque utiliza elementos de la cultura japonesa, así como algunas letras, objetos, y un estilo que se acomoda dentro del arte japonés. Los colores mantienen una gama de tonalidades suaves que le dan armonía a los dibujos, y detrás de cada ilustración Pomar incluye la planta de bambú, muy valorada en el Japón.

Diarios de un Kabutomushi en Bolivia. Mariana Ruiz. Ilustraciones de Salvador Pomar. Grupo Editorial La Hoguera, Santa Cruz de la Sierra, 2024.
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