Vuelan Vuelan 65: Alicia en el mundo imaginario de Lewis Carrol (V. Montoya), Homenaje a Mercedes Valdivia (I. Mesa), Te regalo el mar (V. Linares)

Vuelan vuelan es un boletín mensual dedicado a la literatura infantil y juvenil que tiene como objetivo llevar artículos, entrevistas, reseñas de libros, notas sobre ferias, congresos y presentaciones de libros a escritores, ilustradores, docentes, psicólogos, pedagogos y personas interesadas en el tema.

Vuelan vuelan pretende ser la plataforma que dé a conocer a los autores bolivianos y extranjeros con su literatura y forma de pensar. Quiere ser una revista mediadora, que comunique los acontecimientos más importantes relacionados con la literatura infantil y juvenil. Desea ser portavoz de artículos interesantes sobre el tema infantil que enriquezcan la formación teórica de nuestros lectores. Pero, sobre todo, quiere ser un enlace nacional de la literatura infantil boliviana.

Vuelan vuelan también abre sus puertas a opiniones, comentarios y material que puedan hacernos llegar los lectores para que este boletín sea un punto de encuentro de la literatura infantil y juvenil capaz de unir a todo el país en favor de nuestros niños y jóvenes.
Ilustración: Sirena, calla
Ilustradora: Claudia Illanes Iturri
Técnica: acuarela y lápices de color
2014


LEYENDO LITERATURA INFANTIL

 

Alicia en el mundo imaginario de Lewis Carroll

Víctor Montoya
Escritor y pedagogo

 

 
Alicia en el país de las maravillas, sin lugar a dudas, es una de las obras fantásticas del siglo XIX, no sólo por su brillante prosa análoga a la poesía, sino también porque echó por tierra la literatura didáctica y moralista de su época, para dar paso a la imaginación y la alegría sobre la  base de una lógica que no es una realidad sino un sueño dirigido. En esta obra, como en las historias de brujas, hechiceros, fantasmas o hadas, se ensamblan la realidad y la fantasía con todo el fulgor de su belleza.
 
Lewis Carroll contó una historia cuyo personaje vive aventuras fantásticas a partir de la realidad. Alicia, la protagonista, es una niña semejante a las
niñas reales, pero que en la historia, narrada por el autor, vive situaciones absolutamente fantásticas. Es conocido también que Carroll, cuyo verdadero nombre era Charles Lutwidge Dodgson (Daresbury 1832-Guildford 1898), en el proceso de elaboración de su obra se inspiró en la niña Alicia Pleasarce Liddell, segunda hija del Dr. Henry Liddell, rector del Christ Church College de Oxford, donde Carroll desempeñó la cátedra de matemáticas y lógica.
 
Cuando los niños comprobaron que el joven profesor tenía una gran sensibilidad humana y un real interés por ellos, acabaron aceptándolo como un compañero más en sus juegos, mientras sus detractores, años más tarde, dirían que Carroll era un “domesticador de serpientes y sapos; prestidigitador; editor, siendo niño, de revistas manuscritas para niños; zurdo (según algunos testimonios), tartamudo, bello, sordo de un oído; inventor de cajas de sorpresas, de rompecabezas, de aparatos inútiles; insomne; entusiasta de las bicicletas en su juventud y de los triciclos en su madurez; creador de juegos de palabras incluso en idiomas que no conocía, como cuando dijo ‘I am fond of Children (except boys)’, que en inglés no es un juego de palabras, pero sí en castellano: ‘Me gustan los niños, a excepción de los niños” (Deaño, A., 1984, p. 8).
 
Carroll se dedicó a las tiras cómicas desde muy joven. Colaboró en la revista The Train y The Cómic Times, cuyo redactor sólo publicaba colaboraciones firmadas por el autor. De modo que Charles Lutwidge Dodgson, jugando con las letras de su nombre, llegó a la conclusión de adoptar el seudónimo de Lewis Carroll (Lutwidge = Ludonic = Luuis = Lewis y Charles = Carolus = Carroll), para así evitar que su producción enteramente científica se minimizara con su producción enteramente literaria. 


Este ser solitario, quien jamás se atrevió al amor en serio, se dedicó a los niños desde el día en que le tendieron un cerco en uno de los corredores de la escuela y no lo dejaron pasar, hasta arrancarle una sonrisa y una tierna amistad que perduraría para siempre. A partir de entonces, cuando le solicitaban un cuento, él les complacía mientras trazaba figuras y siluetas sobre un papel.
 
Nadie sabe si su talento de narrador se hubiese plasmado en letras de no haber sido aquella tarde “soleada y gloriosa” (según los meteorólogos “fría y lluviosa”), de un 4 de julio de 1862, en que salió a dar un paseo en barca por el río Isis, acompañado de Alicia Liddell y sus hermanas. Fue allí donde nació espontáneamente Alicia en el país de las maravillas, de la libertad de la fantasía que desbordaba toda lógica y de una narración improvisada ante la exigencia de las niñas ávidas de cuentos. Anécdota a la que se refirió en el poema-prólogo del libro:
 
“En la cálida tarde de este día
la barca se desliza lentamente,
y es muy grato dejar vagar la mente
por el reino de la fantasía.
Un cuento que pedís, niños amados,
y os voy a complacer. Quedad callados
y oiréis de mis labios el relato.
Largo será, mas, ¿no es cierto que el rato
en que vagáis por mundos de quimera
es cuando más felices os sentís?
Y yo me vuelvo niño al atenderos
huyendo de la vida verdadera.
Un hermoso país desconocido
os voy a presentar.
Nada de cuanto explico ha sucedido,
pero os hará gozar” (Carroll, L., 1978, p. 1).
 
Muy pronto, el cuento narrado por Carroll en el bote tomó forma de manuscrito, con ilustraciones nacidas de su puño, entre julio de 1862 y febrero de 1865, convencido de que un libro sin diálogos ni imágenes era un mamotreto que pesaba demasiado en las manos de un niño, o como bien dice la protagonista en el primer capítulo: “¿De qué sirve un libro que no tenga diálogos ni grabados?...” (Carroll, L., 1978, p. 3)
 
En noviembre de 1864, el manuscrito llegó a manos de Alicia Liddell, como regalo de Navidad y en memoria al día de verano en que pasearon felices en el bote, surcando las aguas del río Isis. Carroll, por su parte, siguió corrigiendo el manuscrito hasta darle una forma definitiva y publicarlo en 1865, con el título de Alice Adventures in Wonderland (Alicia en el país de las maravillas), junto con las ilustraciones de John Tenniel, quien se basó en los dibujos originales de Carroll. A partir de entonces, y sin que lo sospechara el autor, Alicia en el país de las maravillas se perpetuó como una de las obras inmortales de la literatura universal.
 
Alicia en el país de las maravillas es una puerta abierta a la libertad y la fantasía, cuya importancia estriba en divertir y entretener a los niños. Toda la obra es un acto onírico del cual se vale Carroll para criticar los textos pedagógicos de su época, como lo hizo Rousseau a través de su Emilio. Carroll ironizó a la monarquía y aristocracia, tal vez: “Al igual que en el Quijote, Cervantes nos muestra a su inolvidable hidalgo supuestamente loco, lo cual le permite poner en sus palabras y sus acciones grandes verdades que ni la conciencia puritana católica ni la censura de la época podían condenar” (Elizagaray, M-O., 1976, p. 79). Claro está, sin que por esto se justifique su desinterés absoluto por los problemas de las clases desposeídas, ya que según su propio criterio: “primero era inglés y después conservador”.
 
El cuento se inicia cuando Alicia está a punto de quedarse dormida, sin que consiguiera agradarle el libro que leía, junto a su hermana y debajo de la copa de un árbol. De súbito, oye una voz: “¡Oh!, señor!, voy a llegar tarde!” Alicia abre los ojos y ve un conejo blanco llevando un reloj en el chaleco, guantes de cabritilla en una mano y un abanico grande en la otra. Alicia, que jamás había visto a un conejo que habla y viste como los humanos, le sigue hasta su madriguera, donde se hunde tan bruscamente que va a dar sobre un montón de ramas y hojas secas. Sumergida en aquel mundo subterráneo y alucinante, sólo concebido por el sueño o la fantasía, se dice a sí misma: “Cuando yo leía cuentos de hadas, estaba segura de que aquellas cosas no sucedían nunca en la vida real y, por el contrario, aquí estoy, como si fuera la protagonista de un cuento. Cuando sea mayor, yo misma lo escribiré” (Carroll, L., 1978, p. 30).
 
La madriguera estaba hecha de magia, pues mientras Alicia bebía el contenido de una botellita, cuya etiqueta tenía la palabra: “bébeme”, decrecía tanto que podía desaparecer como la llama de una vela. Cuando comía un pastel, cuya etiqueta tenía la palabra: “cómeme”, podía crecer hasta alargarse como el mayor telescopio del mundo. Si lloraba se formaba un estanque que llegaba hasta la mitad del salón, y si de pronto se empequeñecía, podía ahogarse en su propio llanto. En ese mundo lleno de animales y naipes dotados de voz humana, cuando Alicia probó un hongo, el hongo le hizo crecer el cuello hasta que una ave, empollando en su nido, la confundió con una víbora.
 
Carroll descargaba su tensión en el mundo de los sueños y jugaba con las dimensiones de sus figuras, inspirado en sus conocimientos de matemáticas y lógica, lo que no impedía que fuesen una magia para los niños. Otro elemento lúdico manejado con maestría es el lenguaje, un lenguaje que relativiza incluso los aspectos más sólidos de la realidad, escamoteados por medio de sinónimos, homónimos, seudónimos, curiosidades y paradojas científicas; un juego lingüístico que lo sitúa entre los precursores del dadaísmo y el surrealismo.
 
A pesar de todo, el gran valor de Carroll estriba en que de este cuento no quiso hacer un manual de historia ni zoología, sino, simple y llanamente, un juego para recrear y divertir a los niños. En concreto, quiso construir un mundo imaginario con palabras, donde se confundieran la realidad y la fantasía, y donde se diera un contraste entre la verdad del lector y la de Alicia.
 
En el segundo cuento, Alicia a través del espejo (1871), Carroll inventó un país imaginario, en el que todo se ve al revés. Después soñó con Alicia Linddell, su pequeña musa y amiga, quien le cautivó el corazón y lo inspiró a crear ese mundo mágico lejos de la lógica y la razón, pero ya no en verano, sino en invierno: Alicia, la niña de sonrisa dulce y mirada inocente, quien jugaba con sus gatas entre madejas de lana, se sumerge súbitamente en un sueño maravilloso, en tanto los copos de nieve caían en una danza monótona y las brasas crepitaban en el fogón. En eso, un problema  imprevisto requiere solución. Ella se incorpora del sillón, salta al patio a través del espejo y se interna en un bosque, donde corre por un senderillo cubierto de flores hasta llegar a un monte, desde cuya cima contempla a sus pies una extensa pampa, cruzada por arroyos que, en el mundo fantástico del cuento, son los escaques de un gigante tablero de ajedrez.
 
Carroll, en el primer cuento, introduce un juego de naipes, donde las figuras principales son la dama, el rey y el peón; mientras en el segundo, la estructura gira en torno a un juego de ajedrez y Alicia es una de las piezas claves. Como dijo Jorge Luis Borges: “Alicia sueña con el rey rojo, que está soñándola y alguien le advierte que si el rey se despierta ella se apagará como una vela, porque no es más que un sueño el rey que ella está soñando, los dos sueños de Alicia bordean la pesadilla (...) A primera vista, las aventuras de Alicia parecen irresponsables o casi arbitrarias; luego comprobamos que encierra el secreto rigor del ajedrez y de la baraja, el más inolvidable es el adiós del caballero blanco, quizá el caballo está conmovido, porque no ignora que él también es un sueño de Alicia, como Alicia fue el sueño del rey rojo, que está a punto de esfumarse. El caballero es el propio Carroll que se despierta de los queridos sueños que poblaron su soledad” (Borges, J-L., 1986, p. 11).
 
En ambos libros, el estilo es ágil, breve y exento de redundancia y ripio. Su lenguaje es poético y bello, y como todo buen escritor para niños, coloca al lector rápidamente en contacto con los personajes y las situaciones, hasta que Alicia -su personaje y amiga- despierta de sus sueños que la tienen transportada en el país de las maravillas, creadas por la chispeante imaginación de quien, además de haber escrito el libro más fantástico de la literatura infantil, rompió formalmente con la literatura convencional, con la moraleja de las fábulas y el realismo puro del romanticismo.


Bibliografía

-Borges, Jorge Luis: El sueño de Lewis Carroll, Ed. El País, Madrid, 19 de febrero 1986.
-Carroll, Lewis: Alicia en el país de las maravillas, Ed. Bruguera, Barcelona, 1978.
-Deaño, Alfredo: Prólogo a Lewis Carroll: El juego de la lógica, Ed. Alianza, Madrid, 1984.
-Elizagaray, Marina Alga: El poder de la literatura infantil para niños y jóvenes, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1976. 


Un merecido homenaje a la educadora
Mercedes Valdivia
Isabel Mesa
 
Conocí a Mercedes Valdivia el año 2005 cuando el Ibby La Paz nos invitó a colaborar en la organización de un Congreso Nacional que se realizó en nuestra ciudad. Han pasado casi diez años y yo pensé que realmente conocía a Mercedes; sin embargo, más de uno nos quedamos con la boca abierta al recorrer la vida de esta educadora a través de un video que vimos en el homenaje que la Fundación Simón I. Patiño le hizo hace un par de semanas a esta maravillosa mujer.

Mercedes Valdivia egresó de la Normal y luego se fue a trabajar a Sorata. Por cuestiones familiares regresó a La Paz y estuvo un buen tiempo sin encontrar trabajo. Finalmente, le dieron un puesto en “una escuela” de la zona de Pampahasi. Ella recuerda: “nunca había escuchado sobre la existencia de este barrio y fui con mi familia para ubicar la escuela en la que pronto empezaría a trabajar”. La escuela se reducía a un par de cuartos. Mercedes cuenta que fueron los padres de familia los que le pidieron que se quedara, pues sin ella muchos niños de la zona se quedarían sin estudiar… y Mercedes, pese a la precaria situación de la escuela, se quedó. Poco a poco, y debido a que la zona se fue poblando, la escuela fue tomando forma y Mercedes trabajó primero como maestra y luego como directora por más de 30 años.

“Tuve la suerte de ir a México y conocer a Paulo Freire y a Ivan Illich”, cuenta Mercedes. “Freire me dijo que antes que maestra yo debía ser educadora, porque la maestra encasilla a sus alumnos en lo que ella piensa, en cambio la educadora enseña a sus alumnos a pensar por ellos mismos”. Y eso fue exactamente lo que hizo Mercedes. Cuando fue directora de la escuela de Pampahasi, fue ella misma la que eligió el nombre de Delia Gambarte de Quezada para la unidad educativa. Con esa persistencia y fuerza luchadora que la caracteriza no descansó hasta que la Alcaldía construyera una infraestructura adecuada. Hoy en día, la Unidad Educativa Delia Gambarte es la más prestigiosa de la zona y Mercedes se dedicó a ella con alma, vida y corazón. Amante de los libros, lo primero que hizo fue promocionar la lectura  entre sus alumnos y plantel docente. Así, sus profesores recuerdan con cariño cómo los impulsaba a leer: “Teníamos que leer un libro al mes y compartirlo con otros profesores”. ¿Cómo cambiaría nuestra educación si solamente algunos directores invitaran a todos sus profesores a leer?

Pero su objetivo no solamente fue el de lograr un buen nivel académico para sus alumnos y promover la lectura entre ellos, sino que se dio cuenta de que muchos niños no se alimentaban adecuadamente porque sus madres trabajaban el día entero y ellos no tenían almuerzo en casa. De esa manera, fundó la Asociación “Wisllitas” que funcionaba en un comedor que ella creó. Con el mismo empeño de siempre, consiguió que le donaran un terreno donde se construyó el comedor “La Wisllita”. Allí alberga, hasta el día de hoy, a todos los niños cuyas madres trabajan y les da almuerzo. Pero la función del comedor no es solamente la alimentación de los niños, sino que alrededor del mismo Mercedes implementó una pequeña biblioteca que hoy cuenta con muchos ejemplares. Gracias a esta biblioteca, los niños que se quedan por la tarde pueden hacer sus tareas y leer por placer.

Además de su escuela, esta mujer infatigable descubrió al Ibby como una institución que promueve la lectura a nivel mundial. En un principio Mercedes recuerda que se reunían en casa de una profesora y “allí escuchábamos leer artículos literarios y algunas teorías sobre literatura”. Pronto decidió formar, junto a otras profesoras, el Ibby-Pampahasi para buscar estrategias de promoción de lectura, dinámicas de grupo y lecturas sistemáticas de cuentos. Una de esas estrategias fue “La Biblioteca de la Calle”. Mercedes cuenta que esta actividad consistía “en salir a la calle con una canasta de  libros de cuentos, una frazada o dos para sentarse, una sombrilla y leer a los niños en los mercados y  parques, donde hay niños que no hacen nada, dándoles la alegría de escuchar lindas palabras. Así formamos seis bibliotecas de calle en las que cada profesora salía en su barrio por lo menos dos domingos; hubo lindas experiencias. Más tarde salimos con la Alcaldía a los diferentes barrios donde ellos trabajan, fuimos hasta Zongo con Bibliotecas de la Calle y también a enseñar reciclaje”.

En ese trabajo de promoción a la lectura conoció a María Luisa Ramos, que dirigía el grupo del Ibby La Paz. “Ella trabajaba en el Prado”, recuerda Mercedes, “nos invitó a participar con ella, fue  donde conocimos su proyecto ¨Encuentro de escritores con  niños y niñas¨. Allí se hacían concursos de escritura de cuentos y, a cambio, se entregaban  libros a los niños participantes. María Luisa conseguía el dinero de familiares y amigos e invitaba a escritores para  que sean ellos los que entreguen los premios. Un par de años más tarde, ella consiguió que culturas del Municipio le diera un  apoyo económico”. María Luisa se ha ido a vivir al Chaco y es Mercedes y su grupo quienes siguen realizando esta actividad en el Prado junto a varios autores bolivianos. Además de las Bibliotecas de la Calle, del Encuentro de Escritores en el Prado, Mercedes y su grupo de profesoras han dado a conocer a los Pioneros de la Literatura Infantil, crearon varios rompecabezas de cuentos de autores bolivianos, están presentes en las Ferias de Libros y visitan escuelas promoviendo la literatura infantil boliviana de manera incansable.

Hoy Mercedes ya está jubilada de la dirección de la Unidad Educativa Delia Gambarte, pero sé que nunca dejará de trabajar en favor de los niños y de la promoción de la lectura. Ella dijo en un discurso que no sería nadie sin nosotros los escritores, pero yo creo que los escritores no podríamos difundir nuestra literatura sin mujeres tan valientes, luchadoras y emprendedoras como nuestra querida “Mechita”. Toda mi admiración a esta mujer que nos ha enseñado lo que es tener una vida plena, dedicada a los demás y, que sin duda, es un ejemplo para todos.


PARA MERCEDES

“El mundo cambia con tu ejemplo” es el graffiti que me recordó a Mercedes Valdivia, maestra y, sobre todo, educadora con el ejemplo. Sencilla, profunda y constante, siempre está realizando algo para que los demás puedan crecer. Atenta escucha a todos y toma la mano del ser humano que puede conducirla a mejorar su entorno, pero con los demás. Su alegría brilla en sus ojos siempre pendientes del otro. Se asegura de que se cumplan sus metas y las comparte con sabiduría. ¡Qué privilegio estar entre sus amigas! ¡Gracias Mechi por tu ejemplo!

Liliana De la Quintana


Conocí a Mercedes en la Feria del Libro del barrio de Bolognia, iniciativa impulsada por una gran amiga de ambas: María Luisa Urzagaste de Ramos. En esa ocasión tuve la oportunidad de compartir con los niños y niñas que habían quedado sin casas por el deslizamiento de Pampahasi. Gracias a su esfuerzo, los autores infantiles tenemos la oportunidad de interactuar con nuestros pequeños lectores en distintas ferias y actividades de la ciudad de La Paz. Ella es la verdadera impulsora de la lectura y la Literatura Infantil y Juvenil de nuestra ciudad. Además, sus compañeras de "La Wislita" nos inspiran constantemente para trabajar en favor de la lectura para quienes más lo necesitan, aquellos niños y niñas que no pueden acceder a un libro propio. ¡Gracias Mercedes!

Mariana Ruiz


¡Qué bien merecido el homenaje realizado a Mercedes Valdivia en el espacio cultural Simón I. Patiño, el pasado miércoles 21 de octubre!
Todos estos años en que ella con su incansable equipo de maestras ha apoyado no sólo a la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil, sino a la difusión de la Literatura para niños y jóvenes y, sobre todo, a que los niños de escasos recursos tengan acceso a la buena literatura; siempre supe de que se trataba de alguien admirable. Sin embargo, el haber podido saber mas de su vida dedicada a la entrega total por medio de la educación solo me hace admirarla y apreciarla aún más. ¡Gracias Mercedes por tu ejemplo, tu valentía, tu generosidad y por compartir el amor por los libros!


Verónica Linares


LOS LECTORES TIENEN LA PALABRA

Siempre es un placer leer los artículos publicados en el Boletín "Vuelan y Vuelan", este N° 64 no escapa a la regla. Excelente la carta de Cabrera Delgado, con conceptos muy claros y valientes sobre la situación que la Literatura Infantil Juvenil padece en el medio literario.

Estimados amigos del Consejo Editorial del boletín ¨Vuelan Vuelan¨:
Hicieron muy bien en editar las palabras de protesta de nuestro común amigo Luis Cabrera puesto que aunque él, con su habitual modestia, no catalogue de afrenta personal lo sucedido en Panamá, yo sí considero que el gesto de dejarlo olvidado a su llegada al aeropuerto panameño es un acto de desconsideración y falta de respeto hacia su persona que deja muy mal parada a La Cámara del Libro de dicho país puesto que fue quien le hizo la invitación.

Yo siempre he pensado que nadie está obligado a invitar a otra persona a su casa, su país o su ciudad, pero que si lo hace debe cumplir las normas elementales de cortesía que merece todo huésped, independientemente de su categoría, porque resulta indignante que dicha invitación acabe por ser ofensiva y denigrante debido a la mala atención recibida.

Aunque Luis Cabrera le reste un tanto de importancia al asunto de que el auto encargado de recogerlo en el aeropuerto no apareciera y que para salir de dicha instalación debiera acudir  a amigos, yo me pregunto qué habría sucedido si, como en mi caso, yo no hubiera tenido a nadie a quien pedir ayuda. Realmente me habría sentido como un náufrago abandonado en el mar de mi propia suerte.

Es por eso que quise hacer esta nota de protesta, no para que la Cámara de Comercio del Libro de Panamá se disculpe públicamente, puesto que después de cometido un error no hay enmienda que consiga borrar éste, sino para que sirva de ejemplo a todos los organizadores de eventos del continente y no se repita tan desagradable suceso.

Con un abrazo se despide de ustedes, agradeciendo el siempre bienvenido envío de su boletín y la oportunidad de emplear al mismo como tribuna, este amigo que tienen en

Luis Caissés.
Escritor cubano para niños



UN LIBRO QUE NO TE PUEDES PERDER


 Te regalo el mar
Autores Latinoamericanos


Verónica Linares
 
 
¡Nunca imaginé que pudiera haber tantas y tantas maneras maravillosas de llenar un vacío de mar! Y eso que se trata de un tema muy complicado, lleno de amarguras, rencores y vericuetos políticos y económicos que se alejan de lo lírico, de lo poético, de lo artístico.

¡Qué grata sorpresa pues, al leer el libro Te regalo el mar, cada uno de los textos brindados por los escritores latinoamericanos, tratando de  regalarnos su propio pedazo de mar y sobre todo brindándonos la mejor literatura!

Te regalo el mar es una compilación de varios textos e ilustraciones sobre el mar, escritos e ilustrados por muchos autores latinoamericanos, los cuales, generosamente, nos han regalado sus obras, las mismas que han sido compiladas por el artífice de la idea, el escritor cubano Luis Cabrera Delgado. La producción de este libro ha sido impulsada y dirigida por la
Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil y ha sido editada gracias al Ministerio de Culturas de Bolivia.
 
Desde que vemos la cubierta del libro, ilustrada por Jorge Dávalos, como una gran ola,  nos va envolviendo el mar por medio de poemas llenos de imágenes marinas que nos permiten sentirlo, olerlo, tocarlo, ver sus colores y escuchar sus sonidos sin necesidad de haberlo conocido:


“Blanca espuma que pierde su color
Para lucir glamoroso traje lleno de encajes y luz.
Cenicienta de medio día
Que deja de sr mar y cielo

Y resplandece sobre el agua azul verde…”[1]
 
 
“Perfume de mar abierto
Y de gaviotas que pasan
Para decirte que el puerto

En algún lugar te aguarda…”[2]
 
Pero no sólo los románticos poemas nos regalan sus metáforas para acercarnos al mar, también los poemas lúdicos y las canciones infantiles nos regalan rimas, juegos y ritmos:


Uno
hacia adelante
cuatro
para atrás.
camina cangrejo

cojeando hasta el mar…..[3]
 
“Salta el mar sobre la playa
Donde el niño va a jugar…
El niño escapa del agua,

Pero el mar lo va a alcanzar…”[4]
 
Entonces, empezamos a jugar con los elementos del mar, con el cangrejo, con las olas, con las sirenas:
 
“Las olas bailan
sobre la arena,
les cantan
canciones de cuna

las verdes sirenas…”[5]
 
Sin embargo, en este libro de tantos mares, no sólo hay cabida para los poemas, también abundan los cuentos y los relatos, maravillosas historias de distintos encuentros y experiencias con el mar: Gloria Cecilia Díaz de Colombia, en el fragmento de su libro La botella azul, nos cuenta como el protagonista nace cerca del mar y aprende todo de él: sus juguetes fueron las conchas y las estrellas.

“… Con ellos aprendí los nombres de los peces, la medida del vuelo de las gaviotas y los dibujos de las constelaciones. También me enseñaron a construir barquitos de madera y casitas de conchas…”p.121

Por otra parte, Liliana Bodoc de Argentina, en su cuento Un mar para Antonia, nos relata cómo, por medio del viaje de un maestro que va por primera vez al mar, llevando muchos mensajes de sus alumnos, además de la muñeca de Antonia, ésta logra conectarse con el mar:

“– ¿Me vas a contar cómo es el mar?
Silencio
Antonia siguió abrazándola y repitiendo la misma cosa.
– Vamos, niña. No vayas a llorar _pidió el maestro.
Antonia asintió, miró de frente el rostro sencillo de su muñeca muda. Y, de pronto, sonrió.
– ¡Mire maestro! ¡Mire!
La muñeca de Antonia, de cabello enrulado y bonito vestido a lunares tenía los ojos azules.” p.183

 
Desde Chile, Manuel Peña Muñoz, nos regala un nostálgico cuento “Tiempo de trasatlánticos”,  en el que, por medio del niño narrador, podemos imaginar los antiguos viajes en lujosos y enormes trasatlánticos capaces de llevarnos a  lugares remotos o tan sólo a alta mar:

“…Sentado en la mesa, habló (mi tío Lázaro) de la vida en alta mar, de los grandes temporales, de una vez en que el buque estuvo a punto de naufragar, de las puestas de sol y de la vida a bordo, especialmente en la sala de fiestas donde había bailes con orquesta todas las noches. En el fondo de mi corazón, deseaba ser como él: ir en un barco recorriendo diferentes puertos, sin quedarme en ninguno…” (p.200)

 
También me sorprende la cantidad de cuentos y relatos en los que se incluye a los abuelos, como el cuento “Los dientes de la abuela” de Tina Casanova, de Puerto Rico, o “El mar de los abuelos” de Hugo Colmenares, de Venezuela. ¿Será que de alguna forma estos seres sabios entrañables tienen alguna conexión misteriosa con el mar? ¿Será que los abuelos nos brindan el sabor de la aventura y del misterio del mar?
 
Pero no es todo, tenemos más regalos marítimos: fragmentos de novelas como la que nos regala Roberto Rosario del Perú: “Del oro al hierro", de la novela Señal de la Cruz, o de la novela “Altamar” del también peruano Félix Huamán Cabrera. Desde Brasil, Lygia Bojunga Nunes nos regala un fragmento de su libro Chao y María Teresa Andruetto nos brinda fragmentos de su novela Stefano.

En cada uno de estos fragmentos, se van tejiendo distintos paisajes y aventuras marinas, en los que palabras como espuma, olas, vaivén, estribor, muelle, gaviotas, caracolas, olor salino y tantas más nos van abriendo imágenes y sensaciones nuevas que sólo las palabras nos pueden transmitir.
 
Y entonces tampoco podía faltar un precioso e ingenioso glosario marino, escrito por Ivette Vian Altariba de Cuba, del libro “Del abanico al zunzún”.
Finalmente, y muy pertinentemente, Laura Antillano de Venezuela  nos ha brindado un encuentro entre la literatura y el mar “El mar y la literatura”: Cuántos famosos escritores como Hans Christian Andersen, Melville, Verne, Gabriela Mistral, Gabriel García Márquez y muchos más se han inspirado en éste para escribir sus mejores relatos:
 
“El mar aloja en su seno las más extrañas criaturas, desde las propias de su circunstancia, los habitantes de sus profundidades, flora y fauna, hasta las criaturas producto de la ficción, la fantasía, lo maravilloso, o las atribuidas por creencias como los fantasmas y los monstruos marinos, o algunas menos belicosas y más deseadas como las sirenas.” (p.127).

Además, y para cerrar con broche de oro, no sólo grandes autores nos han donado sus cuentos, poemas y relatos, sino que varios ilustradores nos han hecho llegar sus ilustraciones marítimas, las cuales embellecen más este libro que va llenando página a página, como lo dije al comienzo,  nuestro gran vacío de mar.

En fin, un libro en el que no falta nada, es más,  al  que le sobran palabras hechas de mar, o mejor dicho, un libro en el que se ha logrado un mar de palabras profundas y refrescantes, cristalinas y resonantes, como tantos mares como tantos encuentros con esa maravilla de la creación que nos fascina, nos atrae y nos hace falta.
Gracias amigos escritores, a cada uno de ustedes, pues si bien no he podido citarlos a todos, cada texto suyo es importante, porque no sólo nos han regalado pedacitos de mar, sino que nos han regalado su afecto y sobretodo, nos han regalado lo que más amamos, la buena literatura.
 


[1] Fragmento del poema Espuma, Orolo Teresa, México, p.11.
[2] Fragmento del poema Lenguaje del mar, Peraza Ceballos Alberto, Cuba, p. 3
[3] Fragmento del poema: El baile del cangrejo, Jiménez Díaz Floria, Costa Rica, p.86
[4] Fragmento del poema: El niño y el mar, Echeverría, Maura, El Salvador, p.60
[5] Fragmento del poema: Las olas, Morvillo Mabel, Costa Rica, p.95


Titulo: Te regalo el mar
Autor: Varios autores Latinoamericanos
Recopilación: Luis Cabrera Delgado
Editores: Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil y Ministerio de Culturas
La Paz-Bolivia



TE RECOMIENDO UN LIBRO

Mariana Ruiz
Escritora boliviana

El lugar más bonito del mundo
Ann Cameron.
Ilustraciones de Thomas B. Allen
Ediciones Alfaguara




Juan es un niño de siete años que vive en Guatemala. Es inteligente, quiere aprender a leer, no sólo vivir lustrando zapatos. Su abuela vende en el mercado y es el pilar de la familia. La vida no es fácil, pero la tenacidad de este muchacho es, a la vez, conmovedora y fuente de inspiración. Su abuela, un día, le explicará cuál es el lugar más bonito del mundo. A través de este cuento sencillo, que va directo al corazón, Ann Cameron se dio a conocer. Esta escritora norteamericana nació en Wisconsin, Estados Unidos, pero pasa largas temporadas en Guatemala. Su libro lleva más de 30 mil ejemplares vendidos, en palabras de Cameron “escribe para captar la energía positiva de la vida”. 




La Wallunka
Velia Calvimontes
Ilustraciones de Rosario Moyano
Ediciones Secretaría Nacional de Educación
Colección Nuestra Biblioteca.

Número: 65

Fecha: Octubre, 2014

© Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil
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