Vuelan Vuelan 88: ¿Para quién escribo? ¿Quién me lee? (E. Pérez Díaz), El guardián entre el centeno (V. Linares)

Vuelan vuelan
Año 9, boletín 88 

Diciembre-Enero 2017
Visita nuestra web: www.ablij.com
  • Distinción de la Comisión de Fomento a la Cultura Herrmann de La Paz (2009)
  • Distinción del Gobierno Autónomo Municipal y Oficialía Mayor de Culturas de La Paz (2013)
  • Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil "Hormiguita Viajera", Biblioteca Madre Teresa de Calcuta, Buenos Aires (2013)
  • Reconocimiento de la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz (2016)
  • Reconocimiento del Espacio Simón I. Patiño de La Paz (2016)

Comité editorial: Isabel Mesa, Liliana De la Quintana, Víctor Montoya

Vuelan vuelan es un boletín mensual dedicado a la literatura infantil y juvenil que tiene como objetivo llevar artículos, entrevistas, reseñas de libros, notas sobre ferias, congresos y presentaciones de libros a escritores, ilustradores, docentes, psicólogos, pedagogos y personas interesadas en el tema.


Vuelan vuelan pretende ser la plataforma que dé a conocer a los autores bolivianos y extranjeros con su literatura y forma de pensar. Quiere ser una revista mediadora, que comunique los acontecimientos más importantes relacionados con la literatura infantil y juvenil. Desea ser portavoz de artículos interesantes sobre el tema infantil que enriquezcan la formación teórica de nuestros lectores. Pero, sobre todo, quiere ser un enlace nacional de la literatura infantil boliviana.


Vuelan vuelan también abre sus puertas a opiniones, comentarios y material que puedan hacernos llegar los lectores para que este boletín sea un punto de encuentro de la literatura infantil y juvenil capaz de unir a todo el país en favor de nuestros niños y jóvenes.


Hay una cosa rara en mi jardín
Ilustradora: Antonieta Medeiros (Bolivia)
 


LEYENDO LITERATURA INFANTIL
 

¿Para quién escribo? ¿Quién me lee?
 
 
Enrique Pérez Díaz
Escritor cubano
 
 
Michèle Petit ha dicho que: …hay niños que leen bajo las sábanas, con la linterna en la mano, en contra del mundo entero. Hay una dimensión de transgresión en la lectura. Si hay tantos lectores que leen por la noche, si leer es con frecuencia un acto de oscuridad, no es solamente porque hay en ello un sentimiento de culpa: de esta manera se crea un espacio para la intimidad, un jardín protegido de las miradas. Se lee sobre los márgenes, las riberas de la vida, en los linderos del mundo. Tal vez no hay que desear que se haga la luz en ese jardín. Dejemos a la lectura, como el amor; conservar su parte de oscuridad.

Quizás lleve más de cuarenta años dedicado al ¿oficio? de la escritura. Y más de una vida, desde mis ancestros, leyendo en los signos del mundo. Porque cuando se desciende de una familia lectora se viene ya con ese acervo que nos da, por añadidura, una relación neuronal, atávica y casi química con la vida que corre detrás -o entre líneas- en un papel. La respuesta implícita a las interrogantes: ¿Para qué escribo? ¿Quién me lee? me deja inerme ante cualquier propósito confeso, pues, como el actor que desconoce su auditorio y mucho más las posibles reacciones que su propuesta teatral despierte, así me asomo a cada nuevo libro en busca de una historia, guiado siempre por mis ocurrentes —e impredecibles— personajes… Escribo en primer lugar porque me siento libre en el paisaje de mi literatura. Mis libros me ofrecen una amplitud que jamás he conocido en otra geografía. Con ellos aprendí a conjurar el dolor que trae la existencia y gracias a personajes que llevan muchas tiras de mi piel y bastantes emociones de mi alma, conseguí liberarme de las ataduras y convenciones a que el mundo nos convoca desde la primera infancia. La literatura, ya la lea o la escriba, siempre ha ejercido en mi persona poderes terapéuticos y cuando me escapo a un libro, para contar mil y un verdades literarias, siento que soy ese yo que sueño ser y reivindico en mis historias al que la vida real casi nunca me permite salvar.

¿Para qué escribo? ¿Quién me lee? Por muchas razones incomprensibles para mí, inconfesadas, pero persistentes, que me hacen dejar todo lo demás y sumergirme, antes en las cuartillas, hoy en una pantalla llena de iconos, para volar desde ahí a un mundo paralelo, tan cercano a este, sin embargo.

¿Quién me lee? ¿Para qué escribo?

Hace poco, apremiado por sus editores que desde la sinopsis mostraron gran interés, terminé el que de momento es mi libro más reciente: El puerto del buen retorno. Siempre intuí que alguna vez escribiría sobre Cleopatra VII, un personaje vapuleado a su antojo por la historia, sobre todo en virtud de que fueron hombres los que asumieron el relato sobre la personalidad altamente polémica de esta reina ptolemaica. Nunca antes pensé sumergirme en la retórica de un personaje de la antigüedad, pero de la mano y el estímulo de otra amiga escritora, la mexicana María García Esperón, me fui adentrando en el universo helénico para ir trazando los contornos de la infancia que presumiblemente pudo tener la última reina de Egipto. Todavía me siento fascinado por el modo en que los misterios isiacos se me fueron develando y de alguna manera conseguí entrar, tal vez del modo más especulativo (y humano a la vez) en el entorno espiritual de la malhadada reina que se suicidó a los 39 años y que, como su antecesor e idolatrado Alejandro, tuvo el privilegio de la inmortalidad que se nos confiere al morir jóvenes, en plenitud de facultades y en medio de nuestra leyenda personal, favor que solo se concede a los semidioses.

El libro se fue llenando de intrigas, misterios y personajes apócrifos que tuvieron la suerte de llevarme hasta esa desconocida Cleopatra, y a través de la cual comencé a amar y descubrir, cual un niño como ella, el universo donde ambos debíamos desarrollar nuestra historia. Hubo un punto en que tratando de entenderla, fui comprendiendo los últimos acontecimientos de mi vida personal y, entre olvidos, adioses y renuncias y la memoria de cuan fútiles pueden ser las creaciones humanas, entendí mejor a la reina que supo tener a raya a uno de los más poderosos imperios de la antigüedad y asumirse a sí misma como ella deseaba ser: una mujer culta, llena de amor, defensora de su pueblo y libre de obrar acorde al dictado de su corazón, sin más ataduras que sus lazos afectivos y lo que consideraba su compromiso con una civilización.

¿Para qué escribo? ¿Quién me lee? Pues creo que ahí está la clave. Del mismo modo en que nos sumergimos en nuestros personajes, ellos se van revistiendo de nosotros, toman nuestros rasgos, anhelos, sentimientos, rechazos y se vuelven más humanos. Somos ellos viviendo su entorno y situación. Ellos son nosotros, tal y como, nunca nos atrevemos a vernos, porque en un libro nos revelamos como quizás nunca antes soñáramos. Y esta misma relación viene a producirse con el lector.

¿Para qué escribo? ¿Quién me lee? Pues escribo para aquellos que en mis libros pueden reconocerse tal y como son. Escribo para aquellos que en mis páginas descubren lo inconfesable de sus vidas y pueden asumir como actuarán desde su aceptación inmediata o su rechazo.

Aunque en mi caso escribo porque siempre me condicionaron a ello. Y no es que sea persona obediente, disciplinada, sin ideas o voluntad propia, pero el escribir fue siempre una vía de solucionar algo inmediato. Desde muy chico estuve vinculado a los libros y eso me hizo no concebir el mundo sin ellos, sin sus imágenes, sin sus historias. Hallaba en ellos situaciones más edificantes, hermosas y llenas de pasión que las propiciadas por mi cotidianeidad de niño solitario en una playa apacible, bueno, en realidad no tan apacible pues a diario montones de personas emigraban desde allí hacia el para ellas promisorio Norte. En esa playa conocí la felicidad. Y el dolor. La luz. Y la ausencia.

Pero al leer todos en casa, hubiera sido un crimen de lesa familia no hacerlo, sobre todo con un abuelo periodista, una madre profesora, bibliotecaria y cuentacuentos, una abuela a quien gustaba adormecerse escuchando historias, una tía actriz que repasaba guiones y toda una gama de seres que de alguna manera se vinculaban a ese mundo ficticio que se oculta en los libros, pues como dice Ende: La literatura y la mentira están hechas de la misma sustancia: la ficción. Esta sustancia puede ser una medicina o un veneno, dependiendo de las manos en las que caiga.

Lo mejor de leer cuando niño (y ahora también) era (o es) llevar a la fantasía mis sueños y entonces mis vecinos eran (y son) testigos de mi desbordante imaginación.

En la escuela, tras el aprendizaje de las letras, comencé a escribir. Pésimo estudiante. Esmerado lector. Insumiso alumno. Dócil frente a un libro. No me costaba casi nada expresar mis ideas —lo que aún para muchos profesionales resulta un engorro— y mis maestras advertían eso que llaman un don de la palabra, oral o escrita. He contado mil veces que hacía las composiciones a mis colegas. Sin embargo, mis gustos eran tan fantasiosos que nunca soñé con ser escritor, oficio que me parecía (y aún puede resultarme en ocasiones) muy aburrido y demasiado apacible. La literatura no da respuestas, pero mantiene vivas las preguntas. Ha dicho Gustavo Martín Garzo y por eso me gusta leer. Por eso escribo. Aunque no siempre en cuanto uno lee encuentra preguntas interesantes y muchísimo menos, respuestas a algo que le inquiete, motive o preocupe.

¿Para qué escribo? ¿Quién me lee?

Fue al concluir Periodismo que me tomo la escritura más en serio y comienzo a leer con verdadera furia libros para niños y clásicos contemporáneos. Eso irá formando un universo variopinto de tendencias, temas, métodos, puntos de vista y amplitud argumental que hicieron de mí el escritor que soy. Es paradójico, o quizás comprensible —si se analiza el poco caso que yo mismo le hacía a mi escritura— que no comience a publicar hasta los 35, habiendo comenzado mucho antes (apenas adolescente) a garabatear libretas tratando de reinventarme el mundo.

Si desde el primer momento me sentí motivado a escribir sobre los niños y sus adversidades o sueños, nunca he pensado que escriba exactamente para ellos, aunque quizás cometí la torpeza de escoger los canales de difusión de concursos de LIJ para dar a conocer mis obras. La mal llamada “literatura infantil” o “para niños” es el predio donde opté por esconder una escritura bastante crítica y cuestionadora y más de un anhelo inconfesable que ante otros mis personajes me permiten exteriorizar.

En el acto de escribir soy un absoluto deudor de mis lecturas. Al descubrir a María Gripe supe que, como ella, para mí la literatura no conocería fronteras y precisamente es por esa razón que nunca he sentido estar escribiendo para niños ni he cometido el crimen de aniñar intencionalmente mis historias.

Bien temprano pude reparar en la certeza de que quienes se creen escritores para niños son leídos por más adultos de los que quisieran y a veces los niños pasan olímpicamente de lado por sus libros y, por tanto, resulta un mito condicionar nuestra literatura al presumible gusto infantil que pueda tener cualquier lector, de la edad que fuere.

Una buena historia bien agarrada por los cuernos es mi principal motivación para escribir. Esos personajes secundarios que de pronto descubro en mis obras y se adueñan de la trama, que como los grandes actores (o actrices) de un filme se roban la situación crucial para producir un vuelco, un anticlímax en el hilo narrativo que uno preconcibió. Partiendo de esa verdad es que me voy adentrando en argumentos donde la complejidad radica precisamente en decirlo todo del modo más sencillo para que un lector cualquiera pueda entender y vibrar con nuestra historia, hacerla suya, vivirla con nosotros, sufrirla, amarla y hasta sentir odio por ella.

El escribir de este modo dentro de un contexto en que la literatura se suele valorar más por parcelas genéricas o grupos que por su excelencia en sí misma, ha motivado que me quede marginado adentro de un grupo otro, o más bien fuera de todo grupo, con las consecuencias que eso puede traer para la difusión de una obra. Si de un lado el no ser intencionalmente infantil dota a mis historias de un aire diferente, el hecho de que en general los personajes protagónicos sean menores de edad, igual propicia cierta marginación por parte de las motivaciones que se suelen ver en los libros llamados para adultos. Ese es mi reto. Que el lector abierto me encuentre o halle lo mejor que pueda tomar de mis ideas o argumentos.

Quizás ese fuere el sentir de mi obra, que pese a su amplitud y variedad viene siendo toda ella un canto a la infancia: encontrar en el libro al mismo niño que vive en la cotidianidad de mi medio, tratar de entenderlo, de que otros lo comprendan y se le haga justicia, pues el mundo de la infancia suele estar más lleno de injusticias y dolor que de bonanzas, aunque usualmente se pregone lo contrario. Por eso mis personajes son alguna especie de enfant terribles que, como yo mismo, se esfuerzan por entender un mundo que nunca les acepta ni comprende al considerarlos inconvenientes, desajustados o fuera de contexto.

Sin embargo, a veces me pregunto ¿Para qué escribo si más de una vez he pensado que esos niños no me leen porque no estoy a su alcance? ¿Podrá un adulto captar en una historia suya cuanto acontece en el mundo de la infancia o sencillamente debe olvidarse de esto y escribir el libro que pueda, sin pensar en más? ¿Quién me lee, acaso el niño de una familia marginal donde jamás se ha posado la magia de libro alguno, el hijo de un pederasta, el niño que pide por las calles, el que se ve obligado a sufrir en silencio el desajuste de su entorno, ya sea familiar, escolar o social? Quisiera escribir para ellos, pero me detengo. Y pienso. ¿Resolverían algo de sus males leyéndome? ¿Si no saben qué comerán esta noche o a qué hora regresará su madre de alguna incursión nocturna, pueden pensar en leer algún libro mío? Entonces, ¿ciertamente escribo para los niños de poder adquisitivo? ¿Los que van a una feria del libro? ¿Los que tienen una profesora capaz de descubrirme en medio de cuanto se publica? ¿Para qué escribo? ¿Acaso mi literatura podría ayudar a que la gente cambie y se solucionen los problemas sociales de nuestro contexto y cualquier otro? O por el contrario ¿acaso pueden leerme aquellos niños de hoy que se sumergen en la pantalla de un PC y pasan horas frente a juegos, series, filmes, que las más de las veces nada tienen que ver con la literatura? El hecho de que Cuba sea un país de historia tan diferente a tantos ha condicionado, además, que muchos escritores estemos bien lejos de nuestro público. La diáspora literaria no es solo de personas sino de obras, pues incluso aquellos que contamos con publicaciones en el extranjero, no siempre somos conocidos por el público que nos lee y aquellos que tenemos a la mano, en ocasiones se han perdido muchos libros nuestros. Definitivamente es difícil, casi imposible, discernir quién lo lea a uno realmente, en el mejor de los casos algún editor sensible que se compromete con nuestra obra, apuesta por ella y la promueve por esos lares.

¿Quién me lee? Pues muchos que tal vez ni conozca siquiera. Personas que solo buscan una historia y quizás se encuentren con otra. Pues el haber sido uno mismo —y a la vez tan diferente— en los tantos libros que he escrito, suele desconcertar a los lectores. Es curioso cómo, en premios donde se compite anónimamente, para bien o para mal, casi nunca los jurados logran reconocerme y del mismo modo, para quienes han seguido de algún modo mis libros, suele resultar desconcertante el narrador diferente que creen advertir en cada nueva obra con que asomo al mundo.

Quizás el que mi escritura solo se comprometa con sus argumentos y personajes me ha dado esa envidiable libertad de, sin dejar de ser yo mismo —con mis inquietudes, anhelos, obsesiones, fantasmas y hasta veleidades—, ser uno nuevo y hasta otro cada vez. El no condicionar la escritura a un determinado tipo de lector potencial ofrece tal amplitud al autor, que le permite moverse en registros de mayor riesgo y atreverse a explorar derroteros otros, tanto temáticos, como formales.

Si bien en una época escribía de forma desordenada con la fruición y esa euforia que solo permiten inspiración y juventud, con los años de vida y trabajo como editor he ganado concentración. El arreglar (y hasta reescribir) tantos libros de otros, me permite ser más exigente con los propios y dedicarles mucho tiempo. Tanto que, si antes me sumergía en varios argumentos a la vez, hoy dedico años enteros a la investigación, la reescritura y el volver, en más de una oportunidad, sobre mis historias y personajes.

Desconozco si la madurez del oficio haya hecho mejores mis libros o les propició perder algo de la frescura e inocencia con que antes les dotara mi inexperiencia. Cada vez que recibo un elogio, siempre me queda la duda de si realmente es mi libro o soy yo, aquel que conocen, el elogiado. De cualquier modo, pese a períodos de silencio escritural, siempre que vuelvo con nuevos bríos, redescubro la magia del divino acto de tejer una historia, irla develando para el lector y dejarme sorprender halagüeñamente, tanto por su desenlace como por la reacción que pueda despertar en los más encontrados públicos.

Muchas veces me han preguntado si en otra vida sería escritor y suelo responder con un NO bien rotundo. Nuestro oficio se desconoce tanto, que se suele idealizar muchas veces, omitiendo esa triste realidad de poco estímulo en que viven tantos que por mantenerse fiel a su credo y no ceder ante las modas y espejismos de cada época, no son tocados por el Rey Midas de la fama y las ganancias exorbitantes.

Mantenernos en esa cuerda floja es lo que siempre nos hace preguntarnos, en más de una ocasión: ¿Para qué escribo? ¿Quién me lee? Y pese a las respuestas positivas o adversas, nunca cejar en ese mágico acto de revelar al mundo su cara oculta, a la historia su no ha sido, y a los seres humanos su infinito, su más allá…

Pese a haber tenido, como incluso pueden tener los peores escritores, personas fieles que me siguen, cada libro nuevo me trajo el hallazgo de otro alguien que apareció en mi vida para enriquecerla de algún modo. Esta evidencia me ha demostrado que el escribir sin mejor compromiso o atadura que aquella historia narrada —omitiendo cualquier intención ideológica, educativa, de recreación, facilista o comercial y a la vez sirviendo a la idea de que tras una lectura las personas puedan ser mejores y pensar con mayor amplitud, aunque no por ello el libro escrito (publicado o leído) vaya a cambiar el mundo— me redimen de tantas horas de incertidumbre frente a un posible desenlace, de tanto sufrir y dolerme con cuanto les suceda a mis personajes, de tanto abandono de la vida real —que a los escritores se nos escapa como a nadie en nuestro (según Hemingway) solitario oficio— para sumirme en la ficción.

No creo que un libro sea capaz de reivindicar la vida real y, sin embargo, cada historia que se cuenta sí que tiene el magnífico poder de llevar a su posible lector a un entorno nunca antes visitado, ese predio capaz de hacerle reparar en aquello que le rodea, revisarlo, aprehenderlo de otro modo y pensar en una posibilidad de cambiarlo. Libros y literatura no reivindican a nadie, pero sí son capaces de emitirnos señales, alertas, destellos que nos hacen reparar en aquello que de otro modo hubiéramos olvidado.

Ricardo Piglia dijo alguna vez que: Una buena literatura divide a los lectores, crea antagonismos, produce enfrentamientos y pasiones… es una forma privada de la utopía. Se lee para convertirse en poeta, para amar, para madurar, para mejor morir. Sólo a los lectores se ofrece o se niega el mundo… hay que leer la literatura con fe, es decir, como modelo de vida, como un oráculo personal.

Entonces, podríamos concluir diciendo que no solo hay que leer o escribir con fe, sino vivir con fe y, amigos míos, vivir en la literatura es toda mi fe. Esa religión concede la libertad que pocas otras, revitaliza como ninguna y me permite la reivindicación necesaria de que cada día me asome al mundo diferente y cada persona imprevista en mi camino, pueda ser la respuesta a tantas preguntas que se dibujan en el contorno de mis libros… aunque nunca consiga una respuesta convincente a mi inquietud siempre renovada: ¿Para qué escribo? ¿Quién me lee?

 


UN LIBRO QUE NO TE PUEDES PERDER

 
 
El guardián entre el centeno
Jerome David Salinger
 
Verónica Linares
                                                                                                                                                                        Escritora                                                                                                                                                                                                                                              

                                                                                                                  
Si un cuerpo coge a otro cuerpo cuando van entre el centeno” (p. 153).

La novela The Catcher in the Rye, del autor norteamericano Jerome David Salinger, fue publicada por primera vez en el año 1951 en Estados Unidos, aunque previamente había sido publicada en forma de serie en la revista The New Yorker. Desde su aparición, fue muy criticada y censurada debido  a los temas y el lenguaje subversivos de la misma. Sin embargo, al mismo tiempo fue una de las novelas más estudiadas y leídas en los Estados Unidos y el mundo.

Su autor, J.D. Salinger, un escritor antisocial que vivió recluido para escapar de la fama sólo autorizó dos publicaciones traducidas al español: la primera, de la editorial Alianza que se tituló El cazador en el centeno, y la segunda y definitiva, es la que analizaremos: El guardián entre el centeno, de la editorial Edhasa, Buenos Aires, la cual contiene veintiséis capítulos breves.

El guardián entre el centeno es una novela que se ha convertido en un mito, no sólo por el carácter rebelde, indómito, honesto e idealista de su protagonista, sino por todas las historias que se han ido tejiendo a su alrededor. De hecho Tracy Chapman, el asesino de John Lennon, tenía una copia el día en que lo mató.

Entonces nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Qué tiene esta historia y su protagonista para seguir creando polémica y para gustar tanto? Es lo que intentaremos averiguar a continuación.
 
Holden Caulfield, un joven de diecisiete años de una clase acomodada de Nueva York, ha sido expulsado de Pencey, un prestigioso internado a unos kilómetros de la ciudad. Entonces, decide volver a su casa unos días antes de lo esperado, y emprende el viaje de regreso. En éste, de manera impulsiva y desordenada, tiene varios encuentros tanto con amigos como con desconocidos, recurre a bares y otros lugares, simplemente   guiado por sus deseos inmediatos. De esta forma, se encuentra con la chica con la que ha salido antes, con un amigo, profesores, su hermana y también con seres desconocidos: una prostituta, unas mujeres con las que baila, unas monjas y unos taxistas, entre otros.

A partir de cada encuentro, Caulfield relata sus impresiones y sentimientos los cuales están siempre teñidos por la honestidad, la rebeldía, el resentimiento, la soledad y la incomprensión, pero también por la calidez de algunos recuerdos, algún bienestar momentáneo y la necesidad  implícita de encontrar el sentido de la vida.

Tras este viaje de decadencia y desesperanza, descubrimos que Caulfield está en un una clínica, posiblemente psiquiátrica, desde el cual realiza todo el relato.

Toda la historia está relatada en primera persona: es la voz del personaje principal, Holden Caulfield, quien nos hace partícipes y cómplices de sus encuentros y de sus sentimientos de una manera informal y totalmente coloquial. El autor se ha mimetizado con el protagonista, y si bien no se deja sentir en el relato, pues es Holden quien lo absorbe, al enterarnos de algunas características del mismo, observamos que hay aspectos autobiográficos de Salinger, los cuales están reflejados en las creencias  y pensamientos del protagonista.

“Es que no les he dicho que me habían echado. No me dejaban volver después de las vacaciones porque me habían suspendido en cuatro asignaturas y no estudiaba nada. Me advirtieron varias veces para que me aplicara, sobre todo antes de los exámenes parciales cuando mis padres fueron a hablar con el director, pero yo no hice caso. Así que me expulsaron. En Pencey expulsan a los chicos por menos de nada. Tienen un nivel académico muy alto. De verdad”  [1].

David Lodge en El arte de la ficción[2] se refiere a esta voz narrativa como Skatz, “que  se usa para designar un tipo de narración en primera persona más próxima a la palabra hablada que a la escrita. En este tipo de novela o cuento, el narrador es un personaje que se refiere a sí mismo diciendo yo, y al lector llamándole tú.” 
 
Lodge, en este tipo de narración, la sintaxis utilizada, así como el vocabulario, reflejan una conversación de amigos. Y es justamente este tipo de voz la que le confiere al relato un tono de veracidad y de cercanía que llevan a la identificación por parte del lector.

Por otra parte, se podría también decir que se trata de una voz narrativa ulterior, que narra una historia situada en el pasado, aunque comienza y finaliza teniendo una voz simultánea.

El protagonista y narrador de toda la historia es el joven Holden Caulfield,  un estudiante  perteneciente a la clase alta y adinerada de Nueva York. Tiene diecisiete años, es alto, flaco y aparentemente apuesto, que tiene un lunar de cabello blanco en un lado de su cabeza. Fuma mucho y le gusta beber. Holden ha sido expulsado de un internado famoso, cercano a la cuidad, pues ha reprobado muchas materias. Las únicas asignaturas en las que es muy bueno son lengua y literatura, es famoso por hacer excelentes composiciones. Además, le gusta leer y conoce de libros y autores.

Holden Caulfield, adolescente con el que se han identificado no sólo los jóvenes de su época (años 50) sino los jóvenes actuales, presenta justamente las características del típico adolescente  que vive a fondo el presente sin importarle las consecuencias, o lo qué realizará a futuro. Él se deja guiar por sus impulsos y deseos para encontrarse con ciertas personas e ir determinados lugares.

Había un teléfono en la mesilla y estuve a punto de llamar para que me subieran el desayuno, pero de pronto se me ocurrió que a lo mejor me lo mandaban con el tal Maurice. Como no me seducía la idea de verle de nuevo, me quedé en la cama un rato más y fumé un cigarrillo. Pensé en llamar a Jane para ver si estaba ya en casa, pero no me encontraba muy en vena.” [3]

Vemos a Caulfield como un joven sin aspiraciones, ni reglas, al cual no le gusta casi nada, que se deprime muy seguido, a veces por situaciones absurdas. Por otra parte, es muy crítico de las personas que encuentra y por ende muy honesto al respecto: no soporta la hipocresía, ni la superficialidad. Además, expresa su disgusto hacia otros siendo irónico e incisivo.
 
Más allá de esta personalidad rebelde y desordenada, el protagonista muestra un lado extremadamente frágil y sensible que hace que el lector se conmueva y se identifique aún más. Caulfield siente un profundo amor y admiración  por su hermano recientemente fallecido, Allie, y por su hermana menor Phoebe quien es la voz de su conciencia. Asimismo, se muestra en ocasiones enternecido por algunas situaciones que no encajan con sus rasgos de rebeldía: por ejemplo, se conmueve por las acciones de unas monjas que hacen caridad, o bien, no soporta una mala palabra escrita en el muro del colegio de su hermana.

Toda esta parte más noble, idealista y pura se condensa en lo que él realmente quiere en la vida:

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo y los cojo. Eso es lo que más me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno”[4].
 
En la obra de Salinger, Holden se encuentra con muchos personajes secundarios, que son los que hacen posible la estructuración de la trama y la caracterización del personaje principal. Por lo general son encuentros rápidos, casi fortuitos.

Entre estos personajes, los más importantes son: en primer lugar, la hermana menor de  Holden, Phoebe, una niña de diez años, a la que él quiere y valora mucho. Con ella tiene una relación muy buena y cercana. Ella parece mayor por la forma en que habla y aconseja a su hermano; es una niña inteligente e ingeniosa a la que Caulfield confía sus verdaderos sentimientos. Luego está su hermano fallecido Allie, a quien se refiere a lo largo del relato, dejando ver cuánto lo quería y apreciaba y cuánto le ha costado superar su muerte. Otro personaje importante, aunque no se encuentra con ella, es la chica que le gusta, Jane Gallaher, la cual también es mencionada y descrita desde el comienzo hasta el final del relato, y con la cual ha tenido una relación especial. Finalmente, otro personaje importante es el Sr. Antolini, un ex profesor de él, bastante cercano a la familia, donde quien intenta refugiarse una noche. El Sr. Antolini le habla como un padre y lo trata con cariño, pero Caulfield termina yéndose, creyendo que se trataba de un pervertido.
 
En cuanto al tiempo narrativo, la historia transcurre durante cuatro días,  en fechas muy cercanas a la Navidad. El relato comienza cuando Holden Caulfield decide irse de su internado, un día sábado y finaliza cuatro días después, luego de contar todos los encuentros, salidas y anécdotas que tuvo en ese lapso de tiempo. Por todo el entorno cultural al que se hace referencia, se puede deducir que se trata de los años 50.

En relación al espacio narrativo, la historia se da en varios lugares, la mayor parte del tiempo en  las calles de la ciudad de Nueva York, durante el día y durante la noche. Ninguno de los lugares es descrito con minuciosidad, todo es pasajero así como los encuentros del protagonista.

En primer lugar, transcurre en el internado del colegio Pencey, en Agerstown, Pennsylvania, donde también visita al Sr Spencer. Luego, cuando viaja a Nueva York, Holden va distintos lugares de la cuidad donde tiene diversos encuentros: un hotel de mala muerte, algunos bares y restaurantes, algunas salas de teatro, la pista de patinaje, el Museo de los indios, la estación, el tren, los taxis, el Central Park, el colegio de su hermana, el zoológico. El protagonista menciona los nombres de calles como Madison Avenue, Brodway, la Quinta Avenida, así como de teatros y cines: El Capitol, Radio City.

Caulfield llega a su casa, de la cual sólo describe brevemente la habitación de D. B. que es donde está durmiendo Phoebe. Otro espacio al que va Caulfield, es el apartamento del Sr. Antolini en Sutton Place. La historia termina cuando Holden está en una clínica, recuperándose de sus males.

Todo este recorrido físico  y temporal que hace el protagonista, no sólo sirve de escenario para los encuentros fugaces del mismo, sino que tienen un paralelismo con la decadencia de Caulfield, quien va debilitándose tanto anímica como físicamente y finaliza en una clínica. 
 
El guardián entre el centeno es una novela de ficción realista contemporánea en la que según la clasificación de Huck et al, citado por Teresa Colomer[5, pertenecería al apartado Construcción de la personalidad. “El proceso de crecimiento personal desde la infancia a la vida adulta se subdivide en tres tipos de temática: la vida en familia, la vida con los demás y la maduración personal."

Esta obra, es por lo tanto un Bildungsroman, o novela de formación en el que se aborda los tres temas citados. Se trata de un género literario esencial para los adolescentes, quienes se sienten identificados con los procesos, sucesos y sentimientos que tiene el o los protagonistas.

Una aportación de este Bildungsroman en su época, es el tipo de narración que emplea el autor para acercarse más al lector, utilizando un lenguaje y una sintaxis coloquial, el skaz,al que hicimos referencia anteriormente. En general el vocabulario es muy simple y burdo, casi no hay descripciones ni lenguaje lírico o metafórico. Las oraciones son cortas, muchas veces carentes de algún elemento, característico del lenguaje colquial.

Este tipo de narración apoya no sólo la intención de lograr autenticidad por parte del autor, sino que acompaña toda la sucesión desordenada de eventos y encuentros impulsivos que tiene el protagonista, reflejando las emociones y pensamientos que éste va experimentando.

Otro aporte de esta obra, son los temas tratados, bastantes subversivos para la época: la iniciación sexual, la rebeldía ante las normas de la sociedad, la crítica a las instituciones y a la sociedad en general

Otro aspecto interesante es que a lo largo de la obra, el protagonista hace referencia a varios libros, canciones, películas, y artistas en general, realizando además su crítica y valoración al respecto. Entre los libros mencionados están: Fuera de África, de Isak Dinesen; el autor Ring Lardner; Emily Dickinson; Robert Burns; La condición humana de  Somerset Maugham; La vuelta del indígena de Thomas Hardy; Romeo y Julieta; Oliver Twist; Adiós a las armas. Además de  artistas como Gary Cooper, Lawrence Olivier y los Lunt; obras como Conozco a mi amor y Hamlet.

Todas estas referencias permiten ampliar el campo lector  y permiten situar al protagonista en el ámbito cultural en el que se mueve. Podemos tener una qué libros eran obligatorios, cuáles disfruta Holden, y cuáles no,  al igual que las obras de teatro.
 
El guardián entre el centeno, una obra muy polémica y criticada por los temas tratados y por la personalidad subversiva del protagonista, pero al mismo tiempo muy alabada, casi mitificada por los jóvenes quienes pueden considerarla como una bandera o un himno a su natural rebeldía, sensibilidad e idealismo. Una obra que marcó una época en la que, en palabras de Claudia Rodríguez y Juan David Correa Ulloa “…el abismo generacional se amplia y prima la expresión de lo joven a ultranza, en contra del orden y la autoridad. Son los jóvenes quienes están a la vanguardia del arte, en el cine, música y literatura.”  [6]

Se trata de una novela fácil de leer, rápida y muy interesante por todas las contradicciones que aparecen en distintos ámbitos. Contradicciones en la misma personalidad del protagonista, rebelde e inconsciente pero sensible, transparente y preocupado por algunos asuntos que a nadie le interesa. Un joven que busca el desarraigo y la libertad, cuando en el fondo sólo quiere estabilidad y sentido.  Un joven que pasa rápidamente de la depresión profunda a la alegría máxima por situaciones absurdas ante el lector; que toma decisiones sin pensar, pero que piensa demasiado ciertas cosas. El autor logra una caracterización del “adolescente” muy convincente.

Otro tipo de contradicción se da en la forma narrativa, simple y coloquial, en oposición con el tema, a mi parecer, muy profundo y difícil de abordar de manera enriquecedora y al mismo tiempo llamativa ante los ojos adolescentes. Una novela que más allá de su aparente simpleza formal, encierra una riqueza casi poética cuando se devela lo que realmente quiere el protagonista: ser un guardián entre el centeno para cuidar que los niños no caigan al precipicio. Esas pocas líneas en las que Holden le revela a su hermana su máxima aspiración, está, a mi criterio, perfectamente y poéticamente plasmada. Es casi una imagen celestial, la cual permite que el lector “perdone”  la rebeldía del protagonista. Entonces se entiende el título.

Es una obras que logra mantener el interés del lector, el cual necesita saber cuál será el siguiente paso del protagonista que va viviendo sus encuentros al filo del abismo. ¿Será  que sobrevive hasta el miércoles, día en que finalmente volverá al calor del hogar?

Al ser una obra pionera para su época, vale la pena leerla, situarse en el contexto social e histórico y  compararla con obras de este estilo en la actualidad.
 
Referencias bibliográficas
Colomer, Teresa: La formación del lector literario. Narrativa infantil y juvenil actual. Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1998
 
Díaz-Plaja, Ana: Los tres temas del módulo de Literatura Juvenil para el Máster en Literatura Infantil y Juvenil
 
Lodge, David: El arte de la ficción, Barcelona, Ediciones Península, 2002
 
Rodríguez, Claudia y Correa Ulloa Juan David: Cuando Frankenstein no se mira en el espejo. Un repaso a la literatura juvenil. En revista CLIJ n° 184, Julio/Agosto 2005 págs. 15 a 25
http://mitesurbans.blogspot.com/2009/01/el-guardian-entre-el-centeno-libro.html

 
[1]  Salinger, J. D: El guardián entre el centeno, Buenos Aires, Edhasa,2005.Pág. 10.
[2] Loge, David: El arte de la ficción, Barcelona, Ediciones Península, 2002. Pág. 38.
[3] Salinger, J.D: El guardián entre el centeno, Buenos Aires, Edhasa, 2005. Pág. 145.
[4] Salinger, J.D: El guardián entre el centeno, Buenos Aires, Edhasa, 2005. Pág. 225.
[5] Colomer, Teresa: La formación del lector literario. Narrativa infantil y juvenil actual. Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1998.Pág. 162.
[6] Rodríguez, Claudia y Correa Ulloa Juan David: Cuando Frankenstein no se mira en el espejo. Un repaso a la literatura juvenil. En revista CLIJ n° 184, Julio/Agosto 2005 págs. Pág. 17.

Título: El guardián entre el centeno
Género: novela 
Autor: Jerome David Salinger
Editorial: Edhasa
Lugar y Año de edición:  Buenos Aires, 2005
 

TE RECOMIENDO UN LIBRO

Mariana Ruiz
Escritora boliviana

Cyriano de Bergerac. Edmond Rostand
Editorial Anaya, 2015.


Una obra de teatro que no ha dejado de representarse, de filmarse y de leerse, desde su primera puesta en escena en 1897. Escrita enteramente en verso, relata el dulce amor de Roxane por Christian, un apuesto cadete que le susurra versos a la luz de la luna… sólo que los versos no le pertenecen a él, sino a Cyrano: narigón, espadachín y valiente, el más noble de los hombres. Debido a su fealdad, él cree que debe esconder la verdad de Roxane, pero ella ama su alma, no su físico. Esta tragicomedia le valió a su autor, Edmond Rostand, la fama y la gloria. Gracias a su impecable sentido del romance, sus juegos de palabras y el poderoso drama que retrata, su lectura es deliciosa aún dos siglos después. Cyrano está basado en una persona real, del mismo nombre, que escribió relatos mágicos y se batió en batallas memorables en la Francia de fines del siglo XIX. 

 

 

 

Teatro boliviano para niños. Antonio Paredes Candia
Reforma Educativa. Secretaría Nacional de Educación
La Paz, 1996.

Esta adaptación realizada por el mismo autor sobre sus relatos andinos, (todos basados en la tradición oral quechua y aymara), han sido transformados en pequeñas obras de teatro que retoman a los personajes característicos de la fauna local: el zorro Atoj Antoño, el Onza o tigre, y Suttu o conejo de monte; quienes se engañarán y perseguirán en el escenario, en un curioso despliegue de humor e ironía. A estas obras se le suma una representación solemne del nacimiento del imperio Inca; Manco Kápac y Mama Okjllo, poseedores de la lanza dorada, quienes buscan y encuentran el punto donde la lanza se hundirá, marcando el lugar de fundación del imperio.  Varias obras teatrales con mucho humor y una pizca de irreverencia. 




EL RINCÓN DEL CÓMIC

Mariana Ruiz
Escritora boliviana

Supercholita. Santos Callisaya, Rolando Valdez
No. 1. Colección TX.
República el Trazo
La Paz, 2008

Una cholita dibujada al estilo manga que puede volar, disfruta con los rellenos de papa y que, -a veces-, no puede combatir el crimen porque tiene que ensayar para la entrada del Carnaval. Este entretenido personaje fue creado por el alteño Santos Callisaya en 2008, y ha tenido éxito internacional desde su creación, apareciendo notas sobre ella en CNN, La Jornada de México y el suplemento de Radar en Página 12, Argentina. Elaborado como fanzine, en blanco y negro, este primer ejemplar es un conjunto de gags graciosos y divertidos que toman elementos de la cultura andina, las bromas de la calle y la idiosincrasia paceña de manera irreverente y divertida. 
 



EL DÍA A DÍA EN LA LITERATURA INFANTIL

 
1. Zoilo Salces publica una investigación sobre LIJ en el Beni


El escritor Zoilo Salces Paz, el autor más activo en literatura infantil del departamento del Beni, acaba de publicar el libro Cosmovisión, Tradición oral y literatura infantil Amazónica Beniana. Beni es uno de los departamentos de los que menos conocimiento tenermos en cuanto a la producción literaria para niños. El autor Salces aporta a la investigación de la LIJ con este libro que nos da a conocer la cosmovisión amazónica mojeña, su tradición oral, el cuento costumbrista, los mitos y leyendas convertidos en cuentos infantiles y a los autores más sobresalientes de la LIJ en el Beni.
 


 
 
2. Convocatoria para "Los mejores libros bolivianos de LIJ" publicados entre 2015 y 2016

La Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil convoca al reconocimiento de "Los mejores libros de LIJ 2015-2016"dedicados a los niños y jóvenes.

Podrán participar en este reconocimiento autores bolivianos y extranjeros (con residencia de cinco años o más en Bolivia) y/o editoriales que hayan publicado libros de literatura infantil y juvenil, de autores bolivianos y/o residentes en Bolivia en su primera edición, entre el 1ero de enero de 2015 y el 31 de diciembre de 2016. Los libros que se presenten deben ser de los géneros: novela, cuento, teatro, poesía o fábula.
 
Cada autor o editorial puede enviar la cantidad de títulos que desee con tres ejemplares de cada título. La fecha límite de entrega es a partir de esta convocatoria y hasta el 15 de febrero de 2017. 

Aquellos libros publicados en el extranjero entre el 1ero de enero de 2015 y el 31 de diciembre de 2016, que sean de autores bolivianos, también entran en concurso. No entrarán en concurso libros inéditos ni manuscritos.
 
Los ganadores de este concurso serán aquellos libros que el jurado considere como los mejores, tomando en cuenta el criterio de calidad literaria junto al tema, ilustraciones, edición, nominaciones y premios. Los libros galardonados llevarán en la tapa de su próxima edición una medalla que los reconocerá entre los mejores libros bolivianos 2015-2016. La Academia entregará el formato de la medalla para que ésta pueda añadirse a la tapa el momento de imprimirse la siguiente edición.

El jurado calificador estará conformado por personalidades relacionadas con la literatura y que no son miembros de la Academia. Una vez determinados los ganadores, los libros se destinarán a bibliotecas. Los resultados se darán a conocer al finalizar el mes de marzo de 2017.

Los libros para el concurso deben ser enviados a:

Lic.
Isabel Mesa Gisbert
Academia Boliviana de Literatura Infantil y juvenil
Casilla 12266 SM
La Paz


3. Novela del escritor cubano Joel Franz Rosell gana el premio Avelino Hernández (España)

La novela La Isla de las Alucinaciones del autor cubano Joel Franz Rosell obtuvo el premio Avelino Hernández de novela juvenil que convoca el Ayuntamiento de Soria (Castilla-León, España) en su quinta edición.

Esta novela prolonga las aventuras de los protagonistas de “Mi tesoro te espera en Cuba”, novela estrenada en francés en el año 2000 y publicada en castellano por Sudamericana (Buenos Aires, 2002) y Edelvives (Zaragoza, 2008). Ambientada en la Cuba actual, la novela aborda la cuestión de la comprensión entre chicos con modos de vida diferente (cubanos y extranjeros, citadinos y pescadores), en una trama que gira en torno al tráfico de drogas entre América del Sur y Estados Unidos y la introducción de braceros chinos en Cuba durante la segunda mitad del siglo XIX.

El libro fue elegido por el jurado entre 41 trabajos presentados. El jurado,presidido por el escritor y ganador de la primera edición del certamen César Ibáñez París, e integrado por el también escritor Andrés Martín, el crítico literario y librero César Millán, la profesora y autora Susana Gómez Redondo, la periodista Sonia Almoguera y el concejal de Cultura en el Consistorio, Jesús Bárez, ha elegido su obra, una de las 41 participantes, por su brillante apuesta por la aventura y la cotidianeidad en una historia que tiende puentes entre España y Cuba con constantes guiños a las variedades idiomáticas de ambos países. El premio está dotado con 6.000 euros en metálico y la publicación de la obra bajo un sello editorial

Rafael Alcalde  con Cuatro en París (2013); Juana Cortes por Sonrisas  (2011); Kiko Reinoso  con Los buscadores de lluvia (2009) y César Ibáñez por La cueva de los 10 acertijos (2008), ganaron las anteriores convocatorias de este concurso que, desde su creación, ha buscado siempre atrapar a nuevos lectores enarbolando el legado de Avelino Hernández.

4. Los 20 libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2017


La Fundación Cuatrogatos comenzó con una lista de libros significativos en Literatura Infantil el año 2013 que se llamó "Los favoritos de la Fundación Cuatrogatos". El años 2014 se convirtió en un premio anual a partir del año 2014.

Para conocer los títulos ganadores dirigirse a:

http://blog.cuatrogatos.org/?p=4831

5. Octavo Concurso Temático de Relatos (España)

El Excmo. Ayuntamiento de Tres Cantos (Comunidad de Madrid) convoca el Octavo Concurso Temático de Relatos. En esta edición el tema será “RELATO HISTÓRICO”. Se establecen las siguientes modalidades:
 
a. Categoría general: 3.000 euros. Pueden participar cuantos autores lo deseen, cualquiera que sea su edad y nacionalidad, siempre que el texto se presente en castellano.

Número: 88

Fecha: Diciembre 2016-Enero2017