HISTORIA DE LA REVISTA INFANTIL

HISTORIA DE LA REVISTA INFANTIL

 Historia de la Revista Infantil El Chaski

(Colaboración para la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil)

Por Mariana Ruiz[1]

 

 

 

 

A los niños del mundo:

Muy poco en el mundo está como debería estar. Casi todo el mundo está como no debería estar. La vida va bien, sólo para unos pocos. Para la mayoría, la vida va mal. Y donde están mal los adultos, están peor los niños. Hay más necesidad ahora de gritar fuerte, de luchar, de juntarse con otros, de cambiar cosas, luego, de levantar un libro y leerlo. Pero para cambiar el mundo tienes que conocerlo bien. Tienes que saber distinguir entre lo bueno y lo malo y no ser engañado por mentiras. La gente miente en palabras y oraciones. Cuando las palabras y oraciones están escritas, es más fácil controlar si te dicen la verdad que cuando solamente las escuchas […].

Los libros pueden ayudarte a descubrir que hay que gritar fuerte, para qué luchar, con quién juntarse y dónde puedes empezar a cambiar las cosas.

Cristine Nöstingler, Revista  Chaski, 1988.

A manera de introducción

Esta carta, que apareció junto al calendario de 1988 con la “Yapa” del Chaski, refleja para mí la importancia que el equipo redactor le dio a la palabra escrita dirigida a los niños. Una labor, un oficio, una misión, que tuvo en la revista Chaski su espacio y su lugar en el mundo.

Tanto para sus colaboradores, como para los miles de lectores infantiles que la recibían mes a mes, el Chaski personificó el descubrimiento del niño boliviano: de sí mismo, de los otros, desde su orgullo nacional y también desde su diversidad. Fue un  interlocutor constante con su público infantil y dedicó tiempo y esfuerzo a hacer partícipes las voces de los niños, ilustrando sus cuentos e historias, confortando a aquellos que pedían ayuda para sus problemas y entregándoles diversas herramientas para la vida.

Con el Chaski recorrimos Bolivia y el mundo, conocimos las costumbres de Latinoamérica y aprendimos a amar la buena literatura. No fue sólo una revista de entretención, sino un instrumento válido para la discusión, el análisis y la formación de opinión de una vasta gama de lectores que acompañaron la revista desde su origen.

Con quince años de trayectoria, la revista mensual del Chaski fue el evento literario infantil con mayor impacto en la Bolivia democrática. Su intención fue la de acompañar, entretener y formar, colaborando con el léxico, la iniciación a la literatura y el reconocimiento de la diversidad para todos los niños bolivianos. El presente trabajo es una pequeña historia, un pequeño homenaje, a la revista que me marcó desde niña, y que conmemora, este 2013, treinta años desde su nacimiento y trece desde su clausura definitiva.

La revista de literatura infantil en Hispanoamérica

Un breve repaso por Latinoamérica y España nos muestra que las revistas infantiles fueron requeridas y populares en todos los países, siendo la más difundida Billiken y la más vendida –tanto al interior de Argentina como en el exterior- la revista Anteojito que llegó a imprimir 250.000 ejemplares a la semana (un promedio de un millón de ejemplares al mes). Las revistas infantiles respondían a las necesidades de entretención de los chicos y contribuían, también, a las lecciones aprendidas en clase. La presente selección pretende mostrar un panorama general de la literatura infantil disponible en la década de los años ’80, aunque no dejan de mencionarse algunas de las revistas que marcaron a sus lectores en la primera mitad del siglo XX. Por razones de espacio no se mencionan las revistas dedicadas exclusivamente a las historietas ni aquellas posteriores a 1989.

La revista infantil en Chile

El Peneca fue un semanario ilustrado para niños, que publicó en Chile la Editorial Zig-Zag desde el 23 de noviembre de 1908 hasta 1960, fue uno de los primeros semanarios infantiles de Latinoamérica. Aparecía todos los sábados. La revista incluía  artículos divulgativos de historia, juegos y sobre todo relatos ilustrados e historietas. Éstas últimas no tenían globos de diálogo, sino didascalias (todo el texto al pie de las viñetas).

Cabro Chico fue una revista infantil de circulación semanal. Tuvo dos años de duración, desde julio de 1971, y 108 números. Su director fue Saúl Schkolnik; y fue patrocinada por la Empresa Editora Nacional Quimantú. En varios números se incluía una sección para adultos en la cual se orientaba a los padres acerca de la educación de sus hijos.

La revista infantil en Argentina

Billiken es una revista infantil argentina de aparición semanal, la más antigua de habla hispana. Fue creada por el periodista uruguayo Constancio C. Vigil y su primer número apareció el 17 de noviembre de 1919, editado por la Editorial Atlántida. El 12 de marzo de 2010 la revista publicó su número 4700. Se vende en la Argentina, Uruguay y otros países sudamericanos. La revista organizó sus contenidos de modo tal que interactuara con la escuela, aportando artículos y secciones temáticas fijas sobre temas que pudieran resultar de utilidad directa para los alumnos en sus trabajos escolares, pero sobre todo material gráfico, fotografías, dibujos y unas "figuritas" que se volvieron clásicas, capaz por un lado de atraer e interesar a los niños, y por el otro de servir para las láminas y carpetas de estudio. En este sentido, tradicionalmente, la revista siguió siempre el calendario escolar, sobre todo el relacionado con la historia argentina, dedicando la tapa y los artículos principales, a los hechos y personajes históricos principales, según el momento del año en que se celebraban las fiestas relacionadas.

Además de los contenidos escolares, la revista incorporó historietas, cuentos, personajes de ficción, juegos, curiosidades, y más recientemente música pop, cine y televisión, así como otras temáticas relacionadas con los intereses directos de los niños. Entre los personajes de Billiken, se destacaron la Hormiguita Viajera, Marta y Jorge y Misia Pepa. Su misión se define como: “Promover la formación de niños y jóvenes lectores desde la literatura.”

En 1964 salió a la venta la revista infantil Anteojito creada por Manuel Garcia Ferré. A lo largo de las décadas mientras se publicó, compitió con éxito a Billiken. El personaje de Anteojito surgió en una campaña publicitaria durante comienzos de la década de 1960, a través de la pantalla de Canal 9 de Argentina. Recién en 1964, luego de varios años de incesantes emisiones de sus cortos publicitarios, García Ferré inició la publicación de su propia revista semanal, titulada con su nombre. En sus páginas se trató siempre de enseñar y entretener, con historietas, cuentos, las leyendas y la enseñanza que marcaron a casi cinco generaciones.

La extraordinaria popularidad del personaje, motivó a García Ferré a realizar en 1972 un largometraje de dibujos animados con los personajes de su revista, llamada "Anteojito y Antifaz: Mil Intentos y Un Invento", convirtiéndose en el primer largometraje argentino de dibujos animados premiado internacionalmente.

A mediados de la década de 1990 comenzaron a lanzarse publicaciones infantiles que cambiaron completamente la temática de sus contenidos, orientadas más hacia lo tecnológico y la informática. Este es el caso por ejemplo de la revista del Grupo Clarín, Genios (actualmente vigente) que, a partir de 1998 comenzó a desplazar en cantidad de ejemplares a la Revista Anteojito. Esta última, finalmente, luego de más de 1900 números, dejó de publicarse a fines del 2000 dando cierre a toda una época de la cultura infantil argentina.

El Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil (Cedilij) en Argentina también publicó en ese momento la revista especializada en literatura infanto-juvenil (LIJ), Piedra Libre (1987-1998).

Esta organización civil continúa, tras 28 años, realizando una extensa labor en la promoción de la LIJ, fundando espacios para libros y lecturas. Entre sus miembros nuclea bibliotecarios, docentes, narradores orales, licenciados en letras y ciencias de la educación, investigadores, periodistas, escritores, psicólogos, todos reunidos en torno a a los libros. Otros de los proyectos de la Cedilij es la propulsión de bibliotecas y mediadores en hospitales infantiles, colegios, institutos de menores y centros culturales, entre muchas otras actividades.

La revista infantil en Cuba

La Liga de Pioneros de Cuba contó siempre con órganos divulgativos, entre los cuales podemos mencionar a El Pionero, Estrella Roja, Alerta y Mundo Infantil, todas revistas que surgieron en los años 30 y se mantuvieron vigentes durante esa década. Las dos primeras se hacían en mimeógrafo; Alerta y Mundo Infantil fueron impresos y de mejor calidad. Sus objetivos eran, en sentido general, formar ideológicamente a los niños, darles a conocer los valores de la Revolución Cubana, denunciando la situación de los niños pobres, los meses de sueldo que se le debían a los maestros, cómo las escasas escuelas existentes no contaban con desayuno ni materiales escolares y las condiciones en que se encontraban la mayoría de los padres: sin empleo y en la miseria.

Alerta se publicó en 1933, durante el llamado Gobierno de los Cien Días, contaba con seis páginas y un material muy variado: noticias de las actividades “pioneras” en distintas provincias, orientaciones para organizar una escuadra, situación de los niños negros y consignas. Estrella Roja salió en 1934 con ocho páginas. Aunque su lenguaje no fue propiamente infantil, se evidenció en ella una preocupación que no tuvieron las anteriores por llevar a su lectores cuentos, chistes, adivinanzas, caricaturas, ilustraciones cómicas, a fin de interesar y entretener además de transmitir un mensaje revolucionario.

La última en salir, que tenía mejor calidad  en todos los aspectos, se llamaba Mundo Infantil. Se publicó a fines de 1934 y solamente se pudieron imprimir dos números. Se hacían en la imprenta clandestina del partido. El consejo de redacción estaba integrado por la dirigente Rosario Guillaume y destacados intelectuales revolucionarios. El periódico La Palabra, que se publicó de enero a marzo de 1935, además de numerosas informaciones sobre las actividades de los pioneros, dedicó a ello unas páginas dirigidas por Aida Pelayo, con muchas e interesantes ilustraciones, muñequitos, chistes, cuentos y otras formas adecuadas a los pequeños lectores.

 La revista El Pionero, de corte más juvenil, surgió en el Periódico Obrero en noviembre de 1961. Dejó de publicarse en 1992 por las condiciones existentes en el país de escasez de recursos materiales. Renace en 1999 con un formato diferente y una tirada de 115,000 ejemplares. Esta revista, dirigida a los adolescentes de secundaria básica, contiene historietas, entrevistas, curiosidades, educación sexual y aconteceres relacionados a “los pioneros”.

Zunzún, fundada el 10 de octubre de 1980 y vigente hasta la actualidad, va dirigida a los niños de la enseñanza primaria, con secciones para curiosos, consejos sabios de Doña Lechu, cuentos y un Capitán Plin, espada mayor de una fantástica Isla del Coco, que cree en los amigos y odia el miedo, preocupado siempre por todo lo que pasa en el mundo y muy orgulloso de ser isleño. Su tirada es de 200,000 ejemplares mensuales.

La revista infantil en España

Babar fue originariamente una revista impresa que nació en 1989 como una experiencia de animación a la lectura en el colegio Federico García Lorca de Arganda del Rey, de manos de Antonio Ventura y su grupo de alumnos. Con el paso del tiempo, la revista se fue profesionalizando cada vez más, y lo que en un principio no era sino una actividad extraescolar fue difundiéndose y ampliándose hasta llegar a convertirse en lo que es hoy, un portal especializado en literatura infantil y juvenil con difusión internacional.

La revista impresa tuvo continuidad hasta el año 2000, cuando la editorial decidió abrirse al internet. La página web tiene la finalidad de proveer a los lectores con contenidos constantemente actualizados, también presenta un archivo de artículos y entrevistas aparecidos en números impresos de la revista.

Muchas de las revistas españolas fueron abocadas a presentar colecciones completas de historietas, tal es el caso de Copito –revista de la Editorial Bruguera- e Hipo, Monito y Fifí, entre otras. El mismo escenario tuvo lugar en México, donde no se destacan revistas infantiles con fines educativos, aunque las ediciones de historieta infantil como Chamaco Chico alcanzaron tiradas de 750,000 ejemplares diarios.  

Inicios de la revista Chaski

El Chaski nace el 2 de febrero de 1983. Este primer número debió su aparición a una propuesta de proyecto por parte del Club de Experiencias Pedagógicas, a la cabeza de Gaby Vallejo, y mediante la colaboración del Centro Portales, cuyo director era en ese momento Marco Rossi.

El primer número se hizo a una sola tinta y en papel de reciclaje y contó con varios participantes: Melita del Carpio, Dora Aramayo, Ayda Claure, Ramiro Padilla y Martha Severiche, Gaby Vallejo y Rosalba Guzmán. También fueron cofundadores: Pilar Crespo, Willy Gamboa, Elizabeth Hüttermann, Max Munkel, Jesús Pérez, Benjamín Ramírez, Pablo Regalsky y Virginia Yaksic. Tuvo como primera tirada 7.000 ejemplares[2].

Como indica Manuel Vargas, posterior editor de la revista:

“La publicación se inició en el año 1983 y tuvo una vida de más de trece años, estaba dirigida a los niños a partir de la necesidad que tenía este sector de un material de lectura adecuado a su edad, por un lado, y por otro, a sus realidades, a sus vidas, cosa que no existía o que se encontraba muy esporádicamente en Bolivia. Chaski nació, pues, para proporcionar un medio a los niños donde ellos mismos podían participar enviando sus creaciones y también como instrumento de lectura atractivo para este público.” ((Entrevista a Manuel Vargas, Llanusa, 2010).

Desde el segundo número todos estuvieron de acuerdo en cambiar el papel de reciclaje por el bond, a una tinta, que variaba de página a página: verdes, rojas, azules… Este formato se mantuvo hasta 1992, cuando devino una revista a full color tamaño medio oficio, y se redujo de 10 números a 8, organizados por temas.

Composición de la revista

El nombre

 La revista tiene un nombre de origen quechua. El chaski fue un mensajero de la época incaica. Estos mensajeros no tenían más medio de transporte que sus dos piernas, y como tenían que llevar los mensajes de un lugar a otro, de una ciudad a otra, practicaban relevos. Corrían por leguas y leguas, para ser luego relevados por otros chaskis, hasta que, finalmente, el encargo era entregado. La idea del Chaski nació en esa función: la de llevar buenas nuevas, trasladar mensajes de un lugar a otro.

Colaboradores

“Pese a que la idea fue discutida, animada y proyectada y realizada por el Club de Experiencias Pedagógicas, el primer año no se puso ningún nombre como director de la revista. Todos éramos nombrados como colaboradores. La redacción de varios números eran enviados por distintas personas según su competencia y quién estaba a cargo de los artes finales con un equipo de ilustradores era [Elizabeth] Hüttermann”. (Entrevista virtual a Rosalba Guzmán). 

Como se verá más adelante, los contenidos de la revista demandaban la dedicación a tiempo completo de un equipo. Los tiempos para la recepción  de artículos, la ilustración y la imprenta eran muy demandantes. En 1983, las artes finales se hacían sobre cartulinas y si había algún error ortográfico o tipográfico, en el taller debía cortarse la letra con estilete y pegar nuevamente la letra correcta. El primer año acumuló experiencias y separó la labor en dos secciones diferenciadas: la dirección del taller gráfico y la responsabilidad de los trabajos de los niños.

Para 1984, Elizabeth Hüttermann  se explicitó en la revista en su rol como responsable de la dirección y la diagramación y el director del Centro Portales contrató a Rosalba Guzmán como responsable de redacción y nexo entre el Club de Experiencias Pedagógicas. Además, Rosalba se encargaba de supervisar el trabajo de los otros colaboradores y la  correspondencia que llegaba de muchos niños, quienes enviaban  sus trabajos de manera independiente. 

El Club de Experiencias Pedagógicas, (que inicialmente se hizo cargo de los textos de los niños participantes en talleres intensivos de promoción de la lectura), se fue alejando progresivamente de la redacción de la revista. A mediados de 1985, Elizabeth Hütterman asumió definitivamente la dirección de la misma, con Rosalba Guzmán como responsable de redacción. Muchos de los colaboradores iniciales continuaron participando, tanto con textos como con ilustraciones, pasando a ser contratados de manera oficial por la revista.

Al mudarse a la ciudad de La Paz, en 1992, la redacción pasó a estar a cargo de Manuel Vargas, mientras Elizabeth se mantuvo en su rol como directora-editora en jefe y encargada de los auspicios a la revista. Los nuevos colaboradores fueron Patricia Monje, Florencio Pérez, Marcos Quiroga y Efraín Ortuño, Joaquín Hinojosa y Juan Carlos Parra.

Difusión y auspiciadores

El Chaski fue auspiciada primero por el Centro Cultural y Pedagógico de Portales y después por distintas instituciones como Caritas, quienes colaboraron con la revista hasta su conclusión en 1995.

Financiada en parte, la revista se sostenía por una red de maestros, quienes vendían la revista en las aulas y la trabajaban con sus estudiantes. Esta estrategia se mantuvo a lo largo del tiempo mediante talleres de promoción a la lectura. Los textos iniciales de los niños nacieron en este tipo de talleres, de los que también participó durante mucho tiempo Rosalba Guzmán. Este apoyo financiero permitió la ausencia de apoyo publicitario, tanto en Cochabamba, donde tuvo sus primeros 9 años de vida, como en La Paz, donde continuó su labor pedagógica y de entretención. 

La revista empezó con un tiraje inicial de 7000 ejemplares y terminó su ciclo con una tirada mensual de 10.000 ejemplares distribuidos en todo el país. La Editorial “La Luciérnaga” nació de forma independiente en 1986 y, en 1987, -gracias al decreto Ministerial Nro. 1644-, la Revista El Chaski obtuvo el estatus de “Texto oficial” por el Ministerio de Educación y Cultura, lo cual incrementó su influencia en las aulas y escuelitas de Bolivia.

Evolución del Chaski

“Una generación creció con sus buenas nuevas”.

Manuel Vargas

Podemos decir que la evolución de la Revista Infantil Chaski fue equiparable a la de un niño. Tuvo sus primeros pasos hasta afianzarse por un camino escogido hacia la libertad de expresión, muy a tono con la época, que se iba sacudiendo del peso de las dictaduras. Abrió sus ojos de niño que empieza a cuestionarse la realidad y, junto con la televisión y la innovación tecnológica, entró a esa nebulosa que conocemos como pre-adolescencia, con su formato nuevo a todo color y su aire desenfadado. En sus trece años de vida, la revista nunca se anquilosó ni se conformó con los temas de los adultos, sino que siempre buscó verdades nuevas, verdades antiguas, verdades de todo tipo, siempre desde la perspectiva infantil, desde la cual todo es posible.

Los primeros años 1983-1986

El primer número de la Revista Chaski, auspiciado por el Centro Portales y el Club de Experiencias Pedagógicas, costaba 50 pesos y tenía un promedio de 8.000 ejemplares mensuales. Gracias a la labor del club, y su experiencia con el fomento a la lectura, se contribuyó desde el principio con cartas y opiniones de pequeños lectores. Posteriormente se habilitó una casilla, donde los niños que recibían la revista –gracias a la labor de difusión de varios maestros- podían enviar sus aportes directamente.

Los colaboradores inician el primer año trabajando como equipo, y van definiendo sus roles a lo largo de 1984. Ese año asumió la dirección de taller gráfico Elizabeth Hütterman, con Rosalba Guzmán como jefe de redacción. Se incrementa el número de ejemplares mensuales a 10.000, número que se mantendrá durante los próximos años. El formato es de una sola tinta en papel bond que va cambiando de color en cada página.

La revista inicia con varios contenidos: hay secciones de chistes y adivinanzas, cuentos infantiles, historias de vida, relatos de los propios niños, recetas y artículos diversos sobre ciencia y naturaleza.  También publican como acompañamiento las “Yapas” que funcionan como un incentivo extra y contactan a los niños con leyendas, tradiciones y cuentos de Latinoamérica y el Mundo.

Modelo de las primera Yapas

Modelo de las primeras Yapas.

El nombramiento como texto oficial 1987-1991

En 1987 nacen “Los rebeldes” con guión de Rosalba Guzmán y dibujos de Jesús Pérez, una de las primeras historietas con contenido nacional dirigidas exclusivamente a los niños.

También en ese año, gracias al decreto Ministerial Nro. 1644 por intervención del Ministerio de Educación y Cultura, la revista alcanza el status de “Texto Oficial” escolar.  Esto permite a los maestros incrementar su difusión, ya que es un buen acompañante para la lectura y el aprendizaje de diversos temas con los alumnos. Tomando en cuenta esta realidad, las “Yapas” comienzan a difundir temáticas pedagógicas como apoyo al maestro.

La difusión de la revista empieza a extenderse a otras ciudades del país. A lo largo del tiempo, y debido al fenómeno de híper-inflación que sufre Bolivia, el precio de la revista fluctuará de acuerdo al valor referencial del dólar, manteniéndose la suscripción anual en un promedio de 10 USD de la época.

En 1990 obtuvo la “Gran Orden Boliviana de la Educación en el Grado de Comendador”.

Portada No. 50. Esta portada de la revista pervivió por muchos años.

En 1991, en mayo, la revista llega a los 100 números. Son nueve años de trayectoria: la revista ha madurado y la Editorial también. Elizabeth Hüttermann, a la cabeza del proyecto, decide mudarse a la ciudad de La Paz. El Chaski se distribuye en 5 ciudades del país, además de ciertas áreas mineras y rurales. Sube a 2.50 Bs. “Los Rebeldes” se recopilan en tres revistas individuales.

Su contenido mantiene la distribución de temas, haciendo especial énfasis en incluir testimonios de niños en su idioma materno: es así que podemos conocer las realidades de infancias tan diferentes como son las de chicos desde las minas de Oruro, (con diálogos en aymara y español), como las vivencias de Alto Beni (con testimonios en mojeño y español). Para ello, la redacción del Chaski se da a la tarea de viajar personalmente a diversos y alejados lugares de Bolivia, desde localidades aisladas hasta poblaciones semi-rurales, o inclusive lugares de exclusión –albergues, mercados, centros de ayuda a niños en situación de calle, etc.- dentro de las urbes más importantes (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz).   

La revista por temas 1992-1995

En 1992 hay una multiplicidad de cambios, tanto de contenido como de forma. Manuel Vargas asume el rol de jefe de redacción, e ingresan Joaquín Hinojosa y Juan Carlos Parra al equipo redactor. La Editorial “La Luciérnaga” se muda a la ciudad de La Paz.

Hay cambio de formato a media página, full color, y se disminuye el número de ejemplares por año a 8. Ingresa Efraín Ortuño. La revista pasa a tener temas dominantes y yapas útiles para el estudio. Nace “El Traspatio” con dibujos de Marcos Quiroga y textos de Patricia Monje. Se presentan reportajes de pueblos y ciudades de Bolivia.

Portada No. 131.

La revista se agrupa por ejes temáticos y comienza a salir en coincidencia con el periodo escolar, suspendiendo sus actividades en las vacaciones de verano e invierno. Algunos de los temas son: Sobrevivir, Chicos y Chicas, el Miedo, Nosotros, Misterio, Estudio, Comunicación, Música, entre otros.

En 1993 la revista obtuvo el Premio de la UNEP “United Nations Environment Program” de “The Global 500 Roll of Honour”, conferido por la ONU.

En 1995, con el advenimiento de la Reforma Educativa, los auspiciadores pierden poco a poco el interés por seguir financiando a esta publicación, con el argumento de que esta esperada reforma traerá grandes cambios en el área educativa, tanto para los maestros como para los niños, por lo que el tipo de contenidos que difunde el Chaski ya no serán necesarios. Con 139 números publicados, la revista llega a su primer alto indefinido, situación que tendrá sus altibajos hasta su cierre definitivo el año 2000.

La Reforma Educativa y los inéditos de 1997

Tomando en cuenta la nueva realidad, la Editorial se acerca al Ministerio de Educación, proponiéndole una colaboración directa para la creación de un año completo de la revista. Si bien este trabajo fue encomendado al equipo redactor, los múltiples cambios políticos y presupuestarios impidieron su publicación. Ocho números inéditos se mantienen en borrador y no llegaron a ver la luz.

Los temas de estos ocho números fueron: Pido la palabra; La comida; Yo quiero ser; Los árboles, Mi risa, mi llanto; Los metales; La aventura del libro y El tesoro Oculto; todos debían salir en 1997. Como esta situación no se dio, debieron pasar otros dos años para intentar lanzar la revista por medios propios, hecho que finalmente se dio con la colaboración de la Editorial Don Bosco en 1999.

Últimos tomos, el año 2000

Los últimos cinco tomos de la revista nacieron en el intervalo 1999-2000, tomando en cuenta los avances de la técnica y los medios de comunicación, tanto en su temática como en su formato. Se volvió al tamaño oficio, combinando la técnica de hojas de colores con la fotografía full color. Asimismo, la revolución del internet, las nuevas ideologías y lo que se llegó a conocer como New Age, tuvieron espacio en sus páginas.

El equipo redactor, conformado por Elisabeth Hütterman y Manuel Vargas, junto a Jesús y Florencio Pérez y Marcos Quiroga en las ilustraciones, dieron lo mejor de sí para mantenerse fieles a una tradición de casi veinte años. Sin embargo, la tirada de cada una de las revistas fue muy inferior a las diez mil de antaño, alcanzando apenas los tres mil ejemplares. Su escasa difusión y la imposibilidad de convertirla en un emprendimiento autosustentable motivaron el cierre definitivo de El Chaski, con 145 números publicados.

Los Contenidos

“La línea del Chaski, fue muy original. Desde su inicio se publicaban cuentos, poesías, adivinanzas, chistes, juegos, cartas, manifiestos… pero también testimonios de los niños, preservando su genuina forma de expresión, respetándose sus decires textuales, sus calcos idiomáticos, la riqueza de lo subjetivo impreso en su modo de manifestarse. El Chaski tenía una página para los más chiquitos; otra sobre los saberes ancestrales, mitos, leyendas, tradiciones, recuperación de costumbres y rituales, otra de literatura nacional y otra, de cuentos internacionales, así los niños fueron conociendo a los más destacados escritores latinoamericanos. También se incluían testimonios de niños trabajadores, entre otros temas.” (Entrevista virtual, Rosalba Guzmán).

Idiomas

Desde su fundación el Chaski fue escrita principalmente en castellano, teniendo la virtud de recuperar pequeños textos en otras lenguas, además del quechua y del aimara, acogiendo a los niños de las distintas etnias y culturas del país, lo que demuestra su vocación integradora y democrática.

  • La participación de los niños

Esta fue el alma del Chaski. Al principio los profesores del Club de Experiencias Pedagógicas hicieron conocer la revista en las escuelas y motivaron la participación de los niños. Un tiempo después el Chaski, con su vasta difusión, empezó a recibir cartas de todas partes. Los niños daban sus opiniones sobre los temas que se trataban: opinaban sobre la violencia doméstica, sobre el  abuso de los regentes en la escuela, sobre la ecología, sobre las peleas con sus amigos, o lo solos que se sentían, o su rendimiento escolar. El Chaski fue siempre un interlocutor válido que daba un lugar a su voz, con respeto, hondura y responsabilidad.

Como eje central de la revista, nunca se dejaron de publicar menos de 15 cartas y cuentos producidos por los mismos niños, que recibían el tratamiento de un autor adulto, siendo ilustrados e integrados completamente al diseño de la publicación. También se aceptaban colaboraciones diversas como adivinanzas, chistes, poemas en quechua, aymara o guaraní y cualquier otro tipo de colaboración espontánea.

  • La literatura

“Un objetivo de la revista fue el de llevar a los niños una literatura fresca, de calidad y contemporánea, nacional e internacional. Los mejores escritores fueron publicados para los niños y se logró motivarlos a leer por y con placer […] Los niños lectores del Chaski, con seguridad buscarán ahora para sus hijos, buena literatura”. (Entrevista virtual, Rosalba Guzmán).

A partir de 1984 se incluyó en la revista “La Yapa”, al principio un cuento más extenso que los que originalmente contenía la revista. En él, se trató de dar prioridad a autores nacionales o latinoamericanos. La primera Yapa publicó el cuento de Alfredo Medrano “El Árbol Cósmico” que obtuvo el primer premio en un concurso de cuento infantil del año 1983. También se publicaron los cuentos: “Pedro Serrano”, de Roberto Laserna; “El sueño del picaflor” de Manuel Vargas; “Mi burrito se llana Carmelo” de Carlos Vera, entre otros. En el segundo año la Yapa publicó mitos y leyendas latinoamericanas.

El Centro Portales contaba con una biblioteca especializada de literatura infantil que era parte de la red de Centros de Documentación de Literatura Infantil y Juvenil, esto ayudó mucho a la selección de buen material; permitiendo a los lectores bolivianos familiarizarse con autores como Hans Christian Andersen, Elsa Bonnerman y Saúl Schkolnik, entre muchos otros.

Esta iniciación a la literatura de calidad fue esencial para dar a conocer a los pequeños lectores bolivianos la vasta variedad de temas y estilos presentes, tanto en Latinoamérica como en el resto del mundo. El humor, la sutileza en el uso del lenguaje y la frescura temática de las historias –ninguna de corte moralista o “de aprendizaje”, como se llevaba en las escuelas en ese entonces- permitió desarrollar un gusto propio a toda una generación de lectores.

  • Manualidades, recetas y juegos

Como todo en la revista, el énfasis tanto en las recetas como en las otras actividades manuales era el rescate de lo local, lo propio de cada región del país.

Las recetas buscaban recetas e ingredientes locales, elogiando la miel de caña, el arroz y la harina integral, las harinas de cereales andinos y las variedades de platos, ensaladas, postres y galletas que se cocinan en los hogares bolivianos. Traían muchas recomendaciones sobre la salud, la nutrición y  la importancia de las frutas y verduras.

"Comamos bien" y "Bocaditos de choclo" en la revista No. 150.

Además, se proponía un herbolario médico para diversas enfermedades y técnicas de cultivo para obtener hortalizas y flores frescas. El uso de abonos y “pesticidas” naturales, junto al respeto por la madre tierra, fueron también temas recurrentes.

Las manualidades buscaban rescatar las actividades diarias de niños trabajadores: carretillas y toldos para quienes cargan bultos o ayudan a vender a sus padres en el mercado, arcillas y masas para modelar, modelos eléctricos, papiroflexia y otros.

Los juegos presentados intentaban rescatar las tradiciones tanto del país como del exterior: variedades de “pesca pesca” con modismos verbales propios de cada país, t’unkunas, juegos de bolita, juegos grupales acompañados de dichos y cantos populares... El concepto de salud integral que transmitía la revista iba de mano del ejercicio físico, la buena nutrición y el uso hábil de las manos.

  • Ciencia y tecnología

También se incluyeron en la revista diversos reportajes con interés científico o tecnológico. Desde la botánica y la zoología, se mostraron especies en peligro de extinción que viven en Bolivia, las costumbres de los animales y el lugar donde crecían las diversas plantas.

La colaboración sobre estos temas no trataba con ingenuidad a su público, se habla, por ejemplo, de la muerte a manos de narcotraficantes de Noel Kempf Mercado, y se discute los temas de adicciones a las drogas y el alcohol, así como el tratamiento para diversas enfermedades. También se publicó un suplemento en colaboración con el gobierno nacional para recomendar los “medicamentos esenciales”; aquellos cuya base es esencial y que no deben estar necesariamente ligados a determinada marca o compañía farmacéutica.

El enfoque es poco tradicional para la época y siempre busca despertar la curiosidad y el espíritu de investigación del pequeño lector, instándole a hacer pequeños experimentos físicos y de observación.

  • Opinión

Las cartas de los lectores componían casi un tercio de la revista, los niños opinaban acerca de los temas sugeridos en números anteriores. Se hablaba de violencia intra-familiar, abuso de los profesores en el aula, deseos acerca de cómo debería verse la ciudad, entre otros.

La formación de opinión fue un elemento clave de la revista, que buscó formar una masa crítica, donde los niños supieran que tenían derechos a la par que obligaciones, y donde preguntar para saber las razones de las cosas no estaba visto como un defecto. Por ejemplo, las niñas se quejaban de los roles en sus hogares, donde tenían que hacer las labores de casa mientras los hermanitos varones jugaban, y el Chaski les daba la razón, apoyándolas en su búsqueda de equidad de roles.

Los valores que se inculcaron a lo largo del ciclo de la revista recorrían un amplio espectro: valores democráticos, respeto a los mayores y respeto a los niños, respeto a la naturaleza, la importancia de apreciar al otro en sus diferencias, igualdad entre los géneros, necesidad de trabajar en equipo, etc.

  • Historias y testimonios de vida

La forma en la que se decidió representar las diversas caras de Bolivia, fue a través de reportajes y testimonios que le daban la voz, en primera persona, a las personas entrevistadas.

Estas personas contaban su nacimiento, relataban qué tipo de familia tenían (si tenían familia, porque también hubo mensajes de niños de hogares y gente que creció sin sus padres), los problemas a los que se enfrentaban y sus deseos para el futuro. De alguna manera, reflejaron lo que en el 2005 se intentó realizar a través de una Asamblea Constituyente que le diera la voz a todos los habitantes: desde las tierras cálidas y selváticas del norte hasta los desiertos de sal en el occidente del país, desde las generosas tierras cambas en oriente hasta los vallecitos al sur de Bolivia.

Con el tradicional respeto por su audiencia, estos reportajes, sin caer en maniqueísmos, mostraban problemas reales como la polio, que dejaba paralítico; la orfandad; el alcoholismo y la violencia, donde niños y niñas contaban su experiencia (por ejemplo al relatar personalmente la experiencia de volverse sordo a los 4 años, debiendo el niño re-aprender muchas cosas para sobrellevar esta dificultad), todo desde una perspectiva abierta y respetuosa.

Inspirados en estos testimonios, la Editorial La Luciérnaga recopiló historias de todo el país y las publicó en 2005. “Yo soy… Historias de Vida, Veintiséis voces Bolivianas”, una verdadera lección de antropología y literatura, ya que el reportero deviene casi invisible, encargado solamente de transmitir el mensaje de la experiencia del otro, como un buen Chaski mensajero.

  • Entretenimiento con el lenguaje

Obviamente, la revista la conformábamos a partir de un lenguaje sencillo, adecuado a los niños, cosa que ha sido un proceso de aprendizaje tanto para mí, como para muchas otras personas que pasaron por la revista y que hoy se dedican a escribir literatura infantil” (Entrevista a Manuel Vargas, Llanusa, 2010).

Otros materiales se incluyeron exclusivamente para el entretenimiento del pequeño: trabalenguas, chistes y adivinanzas. Aún así, Manuel Vargas comenta que la práctica del lenguaje para niños fue un aprendizaje para todos los redactores. Requería ser un lenguaje lo más sencillo posible, sin caer en simplismos ni diminutivos, que fuese entendible a todo el mundo. De cierta manera, se trató de un ejercicio constante de pulido del lenguaje hacia la sencillez. Esto pensando en que en varias regiones del país, los niños y los adultos poseían un conocimiento limitado del idioma español.

El único momento en el que esta regla se subvertía era en los trabalenguas y adivinanzas, cuya función pedagógica es entretener y mistificar, entrenando tanto el oído como la atención verbal al detalle. Las adivinanzas y acertijos verbales favorecen en el desarrollo del proceso de formación de conceptos en el niño, puesto que al buscar la respuesta correcta, es necesario que él discrimine entre las múltiples características de un objeto y trate de ubicar lo esencial. Estimulan la imaginación y sobre todo, el proceso de asociación de ideas, elementos que contribuirán a que se forme una visión integradora y no separada de la realidad, lo cual es muy importante en la formación de individuos críticos.

Todos estos elementos fueron utilizados para aumentar el vocabulario de los más pequeños, puesto que por su forma verbal, suelen ser textos breves y fáciles de recordar, colaborando en la mejora de los niveles de motivación infantil y, en consecuencia, disminuyendo el aburrimiento que pudiera derivarse del aprendizaje[1].

  • Historieta

La historieta como tal no tenía muchos dibujantes en el país, faltaban dibujos e historias en este formato dedicados a los niños. Con el nacimiento de “Los duendes verdes” (1986) y posteriormente “Los rebeldes” (1987), esta falta fue ampliamente suplida gracias a la colaboración conjunta de Jesús Pérez y Rosalba Guzmán. Jesús Pérez también incursionó en los ámbitos de la animación, y produjo muchos de los primeros cortos animados a color de Bolivia.

La importancia del formato de la historieta radica en su estructura, la secuencia de cuadritos narra una historia con la complementación optativa del texto, pero es la sangría –el espacio en blanco entre dos viñetas- la que completa la historia, nos hace sentir el paso del tiempo narrativo y contribuye al uso de nuestra imaginación.

Ernestito y otros episodios. Historieta realizada por Jesús Pérez en los años 90.

Mediante este lenguaje se invitó a los niños a desarrollar su capacidad de comprensión lectora, dándole temas bolivianos que luego tornaron más adolescentes con las historietas de “La banda de Chuño” (Efraín Ortuño) y “El Traspatio” (Marcos Quiroga y textos de Patricia Monje). “Los rebeldes” tuvo su propia recopilación, en 3 tomos, en 1990. Una continuación de Pérez: “Guardería el Pimpollo” (2000) refleja un intento de aproximación a algunos de los personajes de “Los rebeldes”; sin embargo, esta historieta tuvo pocas apariciones en la revista.

  • Ilustración

La tapa y la contratapa del Chaski la elaboraba el grupo de ilustradores, formado por Graciela Neyra, Jesús Pérez, René Gamboa, Florencio Pérez, Juan Carlos Parra. Posteriormente se unieron Marcos Quiroga y Efraín Ortuño. Asimismo, colaboraban con la ilustración de todos los segmentos de la revista, haciendo un énfasis especial en los relatos, testimonios de vida y cuentos proporcionados a los lectores.

Conclusiones: el descubrimiento del ser boliviano, la esencia del Chaski

“La revista tenía una serie de materiales atractivos: cuentos, poesías, pequeños reportajes que mostraban la realidad diversa de Bolivia. Con respecto a esto último, en los trabajos incluíamos características de diferentes pueblos y culturas que tenemos en nuestro país, las múltiples ciudades, las actividades diversas que caracterizan a cada región, de manera que en cierta medida Bolivia se fue conociendo a través de estas páginas […] Lo más importante para nosotros era lograr que el niño se sintiera orgulloso de ser boliviano”. (Entrevista a Manuel Vargas, Llanusa, 2010).

El Chaski tuvo la gran oportunidad de reflejar costumbres y valores nuestros, generando identidad en el proceso. Revalorizó a la población campesina, indígena y obrera, mirando con respeto sus actividades y enfocándose en los aspectos positivos de las diferentes realidades que se manifestaban. Buscaban reflejar la cultura de los  pueblos y lugares de Bolivia, mostrando sus costumbres y la vida espiritual de sus habitantes.

Serie: Trajes nuestros. Revista No. 51.

También se buscaba darle un valor a todos los problemas que tienen lugar en el país, generando conciencia respecto a aquellas cuestiones que preocupan a los adultos y que muchas veces no se discutían en el mundo “resguardado” de los niños. Al tratar a su lector con respeto e integridad, el Chaski creó buenos lectores, no tan sólo de su revista, sino de la realidad de Bolivia y el Mundo. 

Mucho antes de la Reforma Educativa, el Chaski logró crear consciencia sobre nuestra diversidad, predicando y practicando una auténtica integración e interculturalidad, donde todas las diversas situaciones de vida de los habitantes bolivianos tenían un espacio, un lugar para expresar su opinión. Al darles la voz a los niños y niñas para que expresaran sus pensamientos, sueños y deseos, así como la oportunidad de relatar las experiencias de vida de diversas personas en múltiples entornos y situaciones socio-culturales, abrieron la puerta hacia la reflexión e identificación de sus lectores.

Gracias a este conjunto de notables aportes a la literatura boliviana, desde la voz de los niños, los extractos de literatura infantil, los juegos con el lenguaje, las ideas para el teatro y tantos otros, los ojos de la generación que acompañó al Chaski se fueron abriendo, recibiendo las buenas nuevas que este mensajero traía de un rincón a todos los otros rincones. Nos supimos únicos, múltiples y unidos por preocupaciones e intereses comunes, y supimos, desde nuestros pequeños pueblos o ciudades, que existían otras maneras de ser niño y de ser boliviano, y que todas tenían algo valioso que aportar a los demás.

La gran contribución del Chaski; incentivando a la lectura; colaborando con los juegos del lenguaje y transportando las vivencias de los niños bolivianos, fue fundamental para marcar el gusto de una generación de lectores en miles de hogares del país. Gracias a su aporte fue abierto un espacio donde discutir y aportar con ideas de diversa índole, conectando a los niños y maestros de una manera que será muy difícil de emular.

Quienes la leímos, coleccionamos y conservamos, guardamos un grato recuerdo de esta experiencia literaria en nuestros corazones, por lo que solamente queda agradecer a aquellos autores, ilustradores y editores que la hicieron posible.

Referencias

LLANUSA, Celia Medina

2010. Una mirada a la literatura infantil boliviana. Entrevista con Manuel Vargas, Redactor de la Revista infantil Chaski. Revista la Jiribilla, La Habana, Cuba. http://www.lajiribilla.cu/2010/n458_02/458_91.html

El Chaski sigue corriendo. https://elchaskisiguecorriendo.org

REVISTA EL CHASKI

Año 1983 Números 1 al 11

Año 1984 Números 12 al 24

Año 1985 Números 25 al 35

Año 1986 Números 36 al 47

Año 1987 Números 48 al 59

Año 1988 Números 60 al 71

Año 1989 Números 72 al 83

Año 1990 Números 84 al 95

Año 1991 Números 96 al 107

Año 1992 Números 108 al 115

A&a

Autor: Mariana Ruiz Romero

Publicado en: Página de la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil

Fecha: 5 Octubre, 2025