ESFERA DE CRISTAL, LA

ESFERA DE CRISTAL, LA

Novela. Juan es un niño que ha dejado de creer en los seres mágicos como Papa Noel, el Ratón Pérez y los Reyes Magos. En ese momento, se ha roto su esfera mágica de recuerdos y fantasía; entonces deja la infancia para comenzar la temida adolescencia. Sin embargo, todavía no puede dar ese gran paso porque al querer armar la esfera de cristal de Juan, los ángeles de la “Brigada de Investigación contra el Crimen: el Cielo (B.I.C.)” se han dado cuenta de que le falta una pieza y que no pueden reconstruirla.
A Juan no le queda otra opción que buscar esa pieza faltante y entonces aparece en un mundo fantástico donde vive una aventura espectacular llena de acción, misterio y mucho humor.

Año de Publicación: 2010

Lugar de Publicación: La Paz

Editorial: Gisbert y Cia.

Numero de Edición: Primera

Numero de Páginas: 310

ISBN: 978-99905-833-8-0

Depósito Legal: 4-1-2615-10

Premios y Distinciones: Seleccionado en el catálogo de IBBY "Latinoamérica y el Caribe propone...", (2012).

Incluido en la lista de "Los recomendados: Una década de Literatura Infantil y Juvenil boliviana (2000-2010) Academia Boliviana de LIJ, (2012).

Fragmento

Capítulo II

La esfera mágica

(Del libro "La esfera de cristal)

Isabel Mesa

Cientos de pedazos de cristal estaban desparramados por todo el dormitorio desprendiendo los últimos destellos de luz que se mezclaban con los tenues rayos de luna que ingresaban esa medianoche por la ventana. Un ángel sollozaba desconsolado al pie de la cama escondiendo el rostro entre sus manos. Sorites, la Razón, se sentó a su lado.

    —¡No llores Juanel! Tú sabías que tarde o temprano esto iba a suceder.

    —Ya lo sé, Sorites, pero los ángeles de la guarda tratamos de alargar el tiempo lo más posible y de mantener la esfera de cristal intacta, aunque tenga algunas rajaduras.

—¡Sabes que eso es imposible! —respondió Sorites acomodándose al lado del ángel—. No hay humano que conserve la magia hasta que es adulto; sobre todo cuando su razonamiento comienza realmente a funcionar.

    —Pues yo he escuchado de un par de ángeles algunos casos increíbles, ¿sabes? El ángel de Francisco de Asís, por ejemplo, contaba que su esfera se mantuvo intacta hasta que él dejó de existir.

    —¡Estás hablando de un santo, Juanel! —dijo Sorites alcanzándole un pañuelo desechable al ángel que usaba la manga de su camisa para limpiar sus lágrimas—. Además, eso ocurrió hace 800 años atrás cuando los humanos aún creían en los seres mágicos.

    Sorites, con su atuendo celeste y su yelmo en la cabeza, se levantó de la cama, observó los trozos de cristal y luego dijo con tristeza:

    —Me siento culpable, Juanel. Es justamente mi trabajo el que estropea el tuyo. En cuanto le enseñé a razonar todo se echó a perder. Quería que fuera capaz de identificar conceptos, de cuestionarlos, de ver si hay coherencia o contradicción entre una cosa y otra; incluso, este lunes ya estaba decidido a practicar con la inducción y la deducción y…

—… y tanto razonar —interrumpió Juanel gritando entre sollozos— esta noche decidió no creer en nada y sacudirse de su esfera mágica. ¿Has visto cómo se dio la vuelta en la cama antes de dormir? Y aunque yo estaba sujetando la esfera con todas mis fuerzas, esa decisión tan drástica la lanzó disparada para romperla en mil pedazos.

    Sorites suspiró profundamente y apoyó el rostro sobre uno de sus puños mostrando una gran tristeza al no poder ayudar a su amigo que lloraba desconsoladamente.

    —Pero no es culpa tuya, Sorites —comentó el ángel limpiándose elrostro con la punta de la sábana—. La culpa es de Broza.

    —¿Broza? —preguntó Sorites con curiosidad.

    —Broza es uno de los demonios con los que tengo que enfrentarme día a día. Su única misión es la de romper la esfera de cristal lo antes posible. Su nombre significa “cizaña” porque siembra la duda y la incertidumbre alrededor de los seres mágicos hasta que los niños dejan de creer en ellos y entonces sucede lo más triste… tienen que dejar de ser niños.

    —Pero es lógico, Juanel. Llega una edad en la que no puedes seguir creyendo en lo que no ves, en lo que no es sensato.

    —¿Por qué no? Tú eres la Razón, Sorites, por eso llevas ese yelmo en la cabeza, porque se supone que representas a la sabiduría. Pero entre nos… tienes la cabeza… y disculpa que te lo diga tan crudamente, bastante cuadrada —respondió Juanel suavemente para no herir a su amigo—. Además, debo decirte que en los cursos que pasamos para ser ángeles de la guarda, nuestros profes recalcan una y otra vez que la razón y la fantasía pueden convivir en una misma persona.

    —¡Pura teoría, amigo! ¡Eso es imposible! —interrumpió Sorites con firmeza—. Si algo no está científicamente comprobado, si no eres capaz de verlo y tocarlo, ¡entonces no existe! ¡Es como pretender juntarnos en un desierto a mí y a la tonta e irracional de la Fe, sin nadie alrededor, y encima pedirme que razone con ella! ¿Tienes alguna idea de lo que podría suceder además de un asesinato?

    La discusión quedó interrumpida cuando Miguel entró en la habitación. No pronunció palabra. Abrió sus alas y comenzó a recorrer el cuarto de un extremo a otro en vuelo rasante, mirando detenidamente cada uno de los pedazos de cristal que languidecía sobre la alfombra. Cuando estuvo cerca de la puerta del ropero, sonó su celular. Lo sacó rápidamente del bolsillo trasero de su jean.

    —Sí Señor, ya estoy en el lugar de los hechos… No, no Señor… se trata de una ruptura de la esfera mágica común en los clientes mayores de 10 años de edad… si Señor, la “B.I.C. el Cielo” ya está en camino. En cuanto termine la limpieza en la escena del crimen yo le informo.

    Miguel colgó el celular y se acercó al ángel intentando consolarlo.

    —La esfera mágica dura lo que tiene que durar, Juanel. En algunos un poco menos, en otros un poco más, pero ya no es eterna como era antes… salvo contadas excepciones.

    —Lo que pasa, Miguel, es que en los cursos de capacitación a los ángeles de la guarda no nos preparan para cuando esto llega a ocurrir y… y…

    Juanel se puso a llorar nuevamente y Sorites le alcanzó otro pañuelo desechable, mientras el arcángel sacaba nuevamente el celular y enlazaba con el Cielo. Daba instrucciones para que la “Brigada de Investigación contra el Crimen: el Cielo” (B.I.C. el Cielo) bajara lo antes posible y así levantar un acta de los hechos y realizar el informe pertinente. Cuando colgó, Sorites intervino curioso.

    —¿Una brigada de investigación? ¿Y para qué? ¿No es esto algo que pasa de manera frecuente con los seres humanos?

    Miguel era el arcángel más importante del Cielo. Estaba a cargo de las almas en el juicio final y su conocimiento sobre ellas era increíble. Miles de años de experiencia en su trato con almas lo hacía un experto en cuanto a seres humanos se refiere. Todos le tenían muchísimo respeto, pues era un arcángel serio y muy sabio. Al ver las caras de desconcierto de Sorites y de Juanel decidió darles algunas explicaciones:

    —Cuando los seres humanos nacen, cada uno tiene su propio ángel de la guarda, un raciocinio propio, emociones y sentimientos propios y muchas otras cosas propias que son totalmente distintas a las de otras personas. Gracias a ustedes —decía Miguel con entusiasmo— cada ser humano es único sobre la Tierra, ¡incluso si son gemelos! —dijo enfatizando aquellas últimas palabras.

    —¿Y tienen una esfera propia?

    —¡Exactamente, Sorites! Desde que nacen van armando su propia esfera.

    Miguel comentó que la esfera mágica guarda toda la fantasía que experimenta un niño durante su vida hasta que su razón le dice que esas cosas no son parte de la realidad. Allí va guardando, por ejemplo, los personajes que muchas veces representó en sus juegos con otros niños, los seres mágicos que fue encontrando en los bosques de los cuentos de hadas, los héroes y enemigos que va creando constantemente en los videojuegos, los extraterrestres de las películas de ciencia ficción y aquellos seres que le traen regalos una vez al año, pero que él nunca ha visto.

    Durante la conversación con Miguel, la Razón concluyó que la esfera mágica se rompía una vez en la vida en todos los seres humanos porque llegaba un momento en que estos se daban cuenta de que las brujas, ogros y dragones no existen.

    —Entonces —continuó Miguel— cuando un niño o una niña rompe su esfera es el momento más triste de su vida, porque también abandona su infancia y entra en la temida adolescencia donde todo lo que guardó en la esfera, y que era su tesoro más preciado, ahora le parece ridículo, aburrido e infantil.

    Hasta ese momento la explicación estaba clara, pero Sorites no terminaba de comprender por qué era necesaria una investigación sobre la ruptura de cada esfera. Entonces Miguel, dando un volteo sobre la cama de Juan, saltó al piso y mostrando los pedazos de cristal les pidió que se acercaran y que observaran con detenimiento cada uno de ellos.

    —¡Fíjense en los destellos que salen de cada cristal! —enfatizó Miguel tratando de que Sorites y Juanel comprendieran lo que trataba de explicarles.

    —Está ocurriendo lo que la lógica dice que debe ocurrir —afirmó Sorites con seguridad—. Una vez que la fuente de energía se ha roto, los destellos se están apagando.

    —¡Exacto! —dijo Miguel golpeando su puño derecho contra la palma de su mano izquierda—. La Brigada de Investigación contra el Crimen debe verificar que todos los destellos se hayan extinguido…

    …y lo harán… —respondió el raciocinio dando el hecho por obvio.

    —Eso es lo que ocurre en el 99.9% de los casos, Sorites, sin embargo… si uno de los destellos, tan solo uno, se mantiene titilando…

    El sonido de un múltiple aleteo anunció el ingreso de la “B.I.C: el Cielo”. Se trataba de una serie de ángeles encargados de verificar si la reconstrucción de la esfera era posible. A la cabeza del grupo estaba Raziel, el ángel de los misterios celestiales, cuya misión era entregar el informe final para que Dios disponga si el caso se cierra o, por alguna razón de peso, queda abierto.

    La brigada se instaló en una de las esquinas de la habitación. Cada uno de los ángeles abrió cuidadosamente su mochila y sacó algún aparato especializado para lograr su objetivo. Antes de comenzar, todos se pusieron un par de guantes blancos esterilizados. Raziel dio unas cuantas instrucciones a sus espíritus alados y, sobrevolando en distintas direcciones, cada grupo se dedicó a realizar una parte de la investigación.

    Un par de ángeles tomaba fotografías a los pedazos de cristal con máquinas digitales ultra modernas, mientras que otros usaban hisopos de algodón para obtener muestras de saliva y conseguir el ADN de la boca de Juan que dormía profundamente. Los ángeles que investigaban cerca de la ventana de la habitación, vertían gotitas de un líquido azulado sobre algunos trozos de cristal para luego comparar el ADN de Juan con los cristales y verificar que la esfera pertenecía a Juan y no a otro niño.

    En todo este caos investigativo, algo llamó la atención de Sorites. Uno de los ángeles había sacado de su mochila un extraño aparato. Sorites se acercó sigilosamente tratando de no pisar ningún pedazo de cristal, y cuando llegó a su lado le preguntó:

    —¿Qué estás haciendo?

    —¡Hola, Sorites! Soy Butator, el ángel del cálculo y estoy instalando el escáner láser tridimensional.

    —¿Un escáner tridimensional? Creo que tú y yo nos llevaremos de película Butator —exclamó Sorites entusiasmado.

    —Fíjate, Sorites, este aparato es un escáner donde pondré uno a uno los trozos de cristal que están esparcidos por el suelo, y ésta —continuó el ángel señalando otro aparato que ostentaba una gran pantalla— es la computadora que controla el escáner.

    Butator escogió tres trozos de cristal y con mucho cuidado los puso cerca de ambos aparatos. Luego, metió en el escáner uno por uno y después de pulsar varias teclas del computador, los trozos escaneados fueron apareciendo en la pantalla.

    —Ahora, le pediré a la computadora que realice la coincidencia y el ensamblaje de los trozos y ésta los armará como si fuera un rompecabezas hasta que encajen perfectamente ¿Te das cuenta?

    —¡Increíble! —gritó Sorites admirado de lo que la máquina podía hacer—. Es decir, que estás tratando de armar la esfera tal y como era antes de romperse.

    —¡Exactamente, señor raciocinio! ¡Usted dio en el clavo! —respondió el ángel del cálculo—. Y en cuanto todas las piezas hayan encajado, la computadora me dirá si falta alguna, dónde falta y qué forma tiene. Cuando la esfera esté completa, proyectaremos la imagen en el centro de la habitación y la podrás ver en 3D.

    —¡Me fascina la tecnología Butator! —comentó Sorites—. Es concreta, práctica y perfecta… A mí las ambigüedades me sacan de quicio… Me gusta todo lo que puedo tocar, ver y calcular… como todo lo que es razonable…¡Sí señor!

    Sorites se quedó al lado de Butator observando todos y cada uno de sus movimientos. Estaba fascinado con esta máquina llena de luces, botones y pantallas. De pronto, su semblante eufórico se transformó en una cara seria y preocupada, entonces preguntó:

    —¿Y para qué necesitas una esfera en 3D?

    —Porque con el modelo en 3D, la Brigada podrá armar la esfera original con los trozos de cristal que están esparcidos por la habitación y así no tardará una eternidad.

    —¿La esfera original la tienen que volver a armar? —insistió Sorites.

    —Sí, señor Razocinio —respondió Miguel que había escuchado la pregunta—. Se la arma tal y como estaba y se la almacena en un rincón del alma para que cuando este niño crezca y se convierta en adulto pueda utilizar esas experiencias que tuvo con los seres mágicos en algunas circunstancias de su vida.

    —¿Y para qué le servirían esas experiencias si tú y yo sabemos que nunca más en su vida va a encontrarse con un ser mágico ni aunque la mujer de goma sea su vecina?

    —Imagina por un momento, Sorites, que dejemos las cosas como están. Simplemente le digo a la Brigada que barra los trozos de cristal y los tire al primer basurero que encuentre. Eso significa que estaríamos arrancándole a Juan sus recuerdos: el sueño de ser ayudante de Papa Noel, identificarse con su superhéroe favorito, sus miedos y sobresaltos en la oscuridad de su habitación, las batallas intergalácticas con los amigos del barrio, esa nave espacial de cartón que inventó y que viaja por el universo entero sin que un meteorito la roce…

    Miguel paró un momento de hablar al ver la cara de asombro de Sorites. Parecía como si buscara las palabras perfectas para hacerle entender a la Razón por qué era tan importante armar la esfera nuevamente.

    —Creo, Sorites, que sólo hay una manera de que entiendas lo que trato de decirte. Sería como perder varios documentos de tu laptop… o quizás TODO tu disco duro… es como quitarle a ese niño una memoria de 11años de vida; en tu lógica matemática eso significaría perder algo así como 1024 Gigabytes de memoria.

    La mente de Sorites multiplicaba a la velocidad del rayo las cifras que salían de la boca de Miguel y entonces el arcángel se dio cuenta de que Sorites al fin comprendía la importancia que tenía para los ángeles armar la esfera mágica nuevamente.

    —¿Y cuánto les llevará armarla de nuevo? —preguntó tartamudeando la Razón.

    —Yo diría que para tener la esfera virtual y proyectarla, y luego armar la original… un par de noches, Sorites… antes, imposible —afirmó Miguel con seguridad.

    —Pero ¿por qué tanto tiempo? —reclamó la Razón—. Si es cuestión de darle una orden a la computadora y al escáner y ¡asunto solucionado!

    —En eso te equivocas, mi amigo —intervino Butator—. Yo calculo que esta esfera debe tener unos mil pedazos esparcidos por la alfombra. Eso significa que yo puedo meter en mi escáner grupos de cinco trozos que se comparan y se ensamblan entre sí. Luego introduzco otro grupo de cinco y así sucesivamente tratando de que la cantidad de trozos vaya disminuyendo.

    —Pensé que el nombre tan rimbombante de “escáner láser tridimensional” podía significar que la máquina hacía las cosas sola —dijo Sorites algo contrariado.

    —¡Ni hablar! La máquina no hace las cosas sola. Los procesos no son automáticos y yo, igual que cualquier ser humano, tiene que estar aquí controlando que las piezas encajen perfectamente. Así que eso de que la tecnología es perfecta y funciona sola, mi querido raciocinio… está por verse.